Como la edad hace casi inevitablemente estragos sobre las personas y sus mentes, a la pobre Brigitte Bardot, aquel sex-simbol de los 50 y 60, la traen y le llevan entre unos y otros de extravagancia en extravagancia. Sólo el brillo residual de su mirada nos hace reconocerla hoy bajo la maraña de arrugas y ese cuidado moño desaliñado que lucía cuando escandalizaba en los propios EEUU, con sus semidesnudos y su mirada lánguida, a una generación que veía en la venus francesa la quintaesencia del erotismo. Estos días ha comenzado a rular por aquellos EEUU una exposición de fotos de la diva que recorrerá el gran país de arriba abajo, acogida a sagrado bajo el logotipo de la cadena de hoteles Sofitel, y ha faltado tiempo a los duros de la crítica para contraponerle a esas bellas “antiques”, fotografías actuales con las que el contraste resulta más elocuente, recordando, de paso, el carácter algo atrabiliario de esa estrella que en 2088 irrumpió en la campaña electoral espetándole a la candidata republicana, Sarah Palin, que era “una vergüenza para las mujeres”. La Bardot vive en su mundo imaginario, refugiada como puede en sus nostalgias y fantasías, una vez reconvertida su frívola figura en la campeona del animalismo, lo que la acaba de llevar a lanzar una carta abierta a los alcaldes para que apoyen o apadrinen la candidatura ultra de Marine Le Pen en quien ella ve a la defensora de los animales que podría “devolver a Francia el lugar que debe ocupar en el mundo”. B.B. se ha convertido al integrismo extremista de tal modo que prefiere la defensa de los animales a la del emigrante que, para vivir, busca trabajo donde lo hay, anteponiendo los derechos de la foca y el visón a los de esa basca tercermundista que inunda Occidente perseguida por el hambre. B.B. está muy mal, hay que reconocerlo con tristeza, no porque su escultura se haya desvencijado bajo el peso del tiempo –que eso le ocurre a cualquiera– sino porque su cerebro defiende ingenuamente causas tan peligrosas como es el movimiento xenófobo más radical de Europa.

Como si su país y el continente entero no anduvieran sumidos en una crisis vital, como si no hubiera en el mundo otros problemas que los que afectan a nuestros primos filogenéticos, la B.B. de nuestras ensoñaciones sale de su escondite para acreditar una vez más el riesgo de la decadencia y sus consecuencias fatales. Aún recuerdo el escándalo que provocó “Y Dios creó a la mujer” y los denuestos que entonces hubo de soportar la bella  a los mismos que ahora apoya. Miramos con tristeza la imagen rebelde de esta mujer que ha cambiado su imagen “mondain” por una militancia imposible en el marco del peor fundamentalismo.

7 Comentarios

  1. Piedad con la decadencia, don ja, compresión y piedad. Temo que con BB han jugado siempre desde fuera por mucho que ella haya creñído lo contrario. Me da mucha pena su foto actual, pero me inspira también mucho respeto.

  2. Sonn cosas disculpables por la cosa de la edad, que en los famosos es más devastadora, por lo que se ve.

  3. Seamos comprensivos aunque no tolerantes con los integristas. Con ninguno, ni siquiera con una BB seguramente medio demenciada entre unas cosas y otras. Apoyar al FN en Francia es una barbaridad sin justificación posible para una persona conn sentido común.

  4. Bueno,l BB nunca fue un portento intelectual ni nada que se le parezca, por tanto no hay que extrañarse demasiado de esa derivación senil hacia la moda animalista. Tiene gracia la ironía entre líneas.

  5. Hay quien no se resigna a declinar. Cuando uno o una es un CUERPO ante todo, la cosa debe de ser aún peor.

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