El “sistema público de salud”, o sea el SAS, fue siempre un campo de batalla partidista y sigue siéndolo. Nos enteramos, por ejemplo, de que, sólo un par de meses después de aprobarlo, el “Gobierno del cambio” se ve forzado a modificarlo para poder cumplir sus compromisos sanitarios y, el mismo tiempo, escuchamos a un portavoz parlamentario del PSOE asegurar que “la sanidad andaluza atraviesa el peor momento de su historia”, ya ven qué geta, y a la secretaria general del PP decir que “cada vez que se abre un cajón en Salud, nos llevamos un susto”. ¿No sería mejor que la sanidad quedara fuera del debate político? Verla convertida en campo de Agramante es una pena además de un disparate.

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