La campaña amenaza con ser la más sucia de la crónica democrática, le menos democrática, simplemente, de las vividas hasta ahora. El fax (auténtico segíun la Policía Científica) de la factura falsa del Ayuntamiento de Sevilla enviada desde el grupo del PSOE, la convocatoria del macrobotellón para el último día convocada en Granada desde la sede regional del PSOE, los rufianescos insultos del candidato del mismo partido por un pueblo malagueño, las promesas explícitas de ayuda discriminatoria por parte de Junta y Gobierno para los Ayuntamientos de su propio color, los varapalos de la Junta Electoral al gobierno regional con motivo de su propaganda ilícita, el uso de medios materiales de la Administración por los candidatos del partido en el poder…: demasiadas cuerdas para un solo violín. La dignidad exige perentoriamente a Chaves siquiera un gesto decoroso frente a tanto abuso y tanta insensatez. El partido que gobierna en Andalucía hace más de un cuarto de siglo no puede permitirse actuar como un pícaro o algo peor en unas elecciones. 

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