En Bélgica navegan políticamente medio al pairo desde que las elecciones de junio pasado dejaron un panorama partidista irreconciliable. Desde entonces lleva el país aviándoselas con un gobiernillo de gestión, reducido en la práctica a resolver los asuntos de trámite, a pesar de que en la calle no faltan importantes manifestaciones que reclaman salir del “impasse” aunque, por supuesto, tampoco faltan ironistas que alegan que si se puede vivir sin Gobierno a ver para qué íbamos a reclamarlos. Sobre esto último baste pensar en las presiones que le llegan al país desde los mercados financieros e incluso de los rumores que hablan ya de una intervención comunitaria en la vida económica cuya gravedad no es preciso subrayar. Sobre la prescindibilidad del Gobierno, bromas aparte, la verdad es que tampoco faltan motivos de inquietud en un país a punto de romperse como consecuencia de la irreductible pelea entre francófonos y flamencos y, en especial, de la presión ejercida por un separatismo que reclama ya, bajo diferentes disfraces autonómicos, competencias tan graves y complejas que vaciarían al Estado de su razón de ser. Nunca un país europeo ha estado tanto tiempo descabezado, pero la reciente renuncia del mediador real sugiere que la cosa puede ir para largo incluso en el supuesto, inevitable por lo demás, de que el soberano acabe convocando nuevas elecciones antes de cumplirse un año de las últimas. Vean de qué simple manera se puede deshacer un Estado y romper en dos a un pueblo pero, sobre todo, consideren hasta qué punto estas lamentables broncas entre minorías profesionalizadas pueden acabar con lo que le echen a poco que el viento juegue a su favor. Un profesor de Lovaina decía hace unos días que lo único que contienen la secesión belga es la selección nacional de fútbol, los famosos “diablos rojos”, que no están precisamente en su mejor momento, por lo que daba la unidad por perdida. Vean, insisto, lo poco que se necesita para destrozar un país que ha funcionado razonablemente bien durante tanto tiempo.

 

El toque está, en todo caso, en la posibilidad de que, tras esas eventuales nuevas  elecciones, el panorama no varíe –como parecen entrever las encuestas—y no quede otra salida que la de la fractura abierta que piden los derechistas sin freno del N-VA, primer partido flamenco, tal como aquí la demandan ya el propio Pujol y el propio Mas. En Bruselas una manifestación multitudinaria clamaba hace unos días por el fin de este pulso insensato sin dejar de expresar su rotunda censura a la clase política. Son las barbas del vecino éstas que vemos chamuscarse sin que nadie se acuerde siquiera del remojo de las propias.

8 Comentarios

  1. El ejemplo de Bélgica, del que no se ha hablado hasta que la catástrofe ha estallado, debería hacernos reflexionar sobre nuestra propia situación. Las declaraciones de estos días en Cataluña (Pujol y Mas) sin inequívocas por más que la situación ofrezca aquí todavía a la nación histórica una mayor capacidad de resistencia.

  2. Y qué si una nación quiere separarse de otra. Padecen ustedes el síndrome españolista ne su fase crónica. Lo de Bélgica es un ejemplo de libertad, todo lo contrario d elo que sugiere gm en su artículo. Pues ya verán como todavía hay alguien que le ría la gracia.

  3. «son inequívocas», entiendo que ha querido teclear mi admirado Heródoto. Inequívocas y muy vistas, diría yo. Creo que ayer o antier, ese heliotropo o girasoliano catalanoandaluz que es Carlos Herrera, lo dejaba claro.

    El catalán de ciu o erc, y disculpen por no encontrar la tecla mayús, es independentista pero no aspira a la independencia. Solo la utiliza como Pedro al lobo. Sabiendo que en el resto de, falta testosterona para marcarle una hoja de ruta y un tempo para alcanzarla, poniendo al lobo en su sitio. Para que busquen un potente mercado para su método champenoise, sus caros bruts y sus textiles. Para que organicen su liga de primera -juas, juas, que se me va la gota- con los periquitos, el Manresa, el Lleida y el Reus. No sigo, que seguro que la mayoría de ustedes lo leyeron.

    Si subiera el índice de testosterona, que no subirá, se reformarían algunas cosas importantes, por ejemplo la ley electoral que los eleva -a todos los nacionalistas- a una categoría que ni tienen ni se mercen.

    La roja, porque abducir la selección nacional es un gol que nos metieron ya para siempre, puede vivir sin los Puyol&co. Otra cosa es que el Barça siga siendo lo que es sin tener al Real como antagonista.

    Anda y que les vayan dando muy mucho.

  4. Doña Epi, qué gustazo volverla a leerla y de nuevo tan briosa y rotunda como antes, de manera que deduzco que disfruta usted de una forma espléndida. Eso espero de todo corazón.
    Hoy hay de todo: en un país no tienen gobierno y en otro tienen dos. Cosas que pasan…Parecer que dos es peor que ninguno….
    Besos a todos.

  5. Eso, doña, que les vayan dando. No sabe Vd. cuánto me alegra su regreso.

    Nuestros separatistas quieren independencia subvencionada, soberanismo, dicen ellos.

  6. Un día me encontré a jagm en una librería de Madrid (Visor, para más señas) y, comentando el blog, me dijo más o menos que a él quien más le divertía y a quien más admiraba era a doña Epi.Cuando lo vea he de decirle que estoy de acuerdo con él también en esto.
    Lo de Bélgica, una tragedia para el país, pero una tragedia anunciada que, como todas las de este tipo, tiene su origen en la diferencia económica entre las «naciones» que intergran el país. Aquí los catalanes separatistas, no los normales, también alegan eso de que ellos son más ricos que los que son menos. ¡Cómo si no debeiran hasta de callarse ante esos «extranjeros» que inmugrando (nuestro Abate es un gran ejemplo) tanto contribuyeron a su desarrollo, y a los españoles en general que han funcionado en la historia como su gran mercado.

  7. Europa vive una segunda edición de lo que fue la pugna naiconalista de nuestros bisabuelos, y lo curioso es que cuando se habla de estas tensiones y problemas tan artificiales (¡magnífico el apunto del Dr. Pangloss sobre la causa económica de estos pleitos!) no recordemos siquiera tragedias tan cercanas como la vivida en Yugoeslavia. Con doña Epi estoy 100 X 100 de acuerdo en que los catalanes utilizan a ese lobo porque saben de antemano la respuesta medrosa que han de recibir.

  8. MUchas barbas veo quemar, aparte de las de Bégica. Ahí está, a dos pasos, el polvorín del norte de África. Pero lo de Bélgica es verdad que nos debería hacer pensar qué derecho tienen unas minorías muy minúsculas a ro,per la vida de un país que convive desde hace siglos. Aunque la verdad es que si lo hacen es porque los quepueden evitarlo no lo evitan. Una pena, demasiada para un fin de semana, don ja.

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