El sueño de la banca controlada por el Poder no es nuevo. Lo puso en marcha Mussolini, lo acariciaron las utopías de izquierda, lo probó Mitterrand, figuró en el programa fundacional del fascismo español. Todos querían lo mismo: un banco político, una caja fuerte en la que la segunda llave fuera del mandamás. El proyecto andaluz en marcha, la Gran Caja o Caja Única, pertenece a esa serie que nunca, que se sepa, tuvo buen fin, pero que promete arrimar a la política más pasta todavía de la que ha arrimado desde la fragmentación. Una sola Caja de Ahorros implicará el fin de la competencia, la reducción del empleo y lo que ustedes quieran, pero será una bicoca en manos del partido que la controle desde el machito. A eso vamos. La próxima vez que le condonen un crédito millonario a Chaves resultará más fácil todavía. Y a ver qué partido o sindicato puede tirar la primera piedra contra esa vidriera.

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