Casi se agradece ya que los observadores hayan ido dejando enfriar el calentón mediático del funeral de Mandela. Se ha dicho y repetido casi todo, unos desde la hagiografía, otros metidos de lleno en el “reality show”, los de más allá –bien pocos, por cierto—haciendo balance de la odisea de Madiba y de su relativo fracaso posterior, es decir, de esa Sudáfrica que padece 18.000 homicidios anuales, de ellos –17 diarios en Johannesburgo–, de un país totalitario y brutal que, una vez democratizado, se estrella contra la delincuencia común hasta el punto de tener que levantar muros electrificados e instalar puertas blindadas en los domicilios. Lo que más juego ha dado ha sido la foto de Obama con la “première” danesa, la rubia peligrosa que sacó de quicio a Michelle Obama, con el bobo de Cameron estirando el pescuezo para salir en aquella. Luego el numerito del mimo para sordos que ha resultado ser un espontáneo sin puta idea del lenguaje de los signos, aunque no se haya quedado atrás el “handshake”, el apretón de manos entre Obama y Raúl Castro que aún no se sabe si sobrepasó el lindero del protocolo o no fue más que una casualidad. Y la herencia del mito, los 13 millones que deja Madiba a su jauría familiar –¡quién iba a decirlo!—y que nos ha permitido contemplar una vez más la comida de las fieras, celebrada, en esta ocasión, “corpore insepulto”. Los mitos son así, ambiguos, polisémicos, contradictorios incluso, y no hay que buscar en ellos más que su ejemplo principal: lo demás –la morralla de la vida—importa poco. Tras los fastos, la vida continuará en Sudáfrica, oro, diamantes, emporios de frutales, cabañas y piaras, vinos de excelencia, miserias y grandezas del país que Madiba redimió recluso en cuatro metros cuadrados.

 

No han faltado ingenuas expresiones de estupor ante esas dobleces del mito, voces sorprendidas por el contraste  entre el éxito histórico que fue acabar con el “apartheid” y la derrota cívica que sufre la joven democracia. Da lo mismo. Madiba, el gran Mandela, bebió hasta apurar el amargo vaso que le correspondía y dejó el resto –nada menos que la vida normalizada—a la posteridad. El balance de Mandela es rotundo aunque en la vuelta al hogar le aguardaran, como a Ulises, circes y polifemos. Lo demás, la incidencia, el serial incluido, poco importa. Ya verán como a Michelle Obama se le pasa el cabreo más pronto que tarde.

5 Comentarios

  1. Canela fina en el mejor estilo. Fulgor y brumas de Mandela. Todo ese espectáculo carnavalesco alrededor de su féretro ha resultado tremendo.

  2. He extrañado, y a los sabios de este rincón pido luz, que no se haya hecho mención –al menos yo no la he visto– a don Frederik Le Lerk, el boer que compartió Nobel con Mandela.

    ¿Es vivo o muerto? He buscado en la wiki, excelsa fuente, y no hay noticias de su muerte. ¿No es chocante su práctica desaparición mediática al morir su copain?

    Tal vez, y sin tal vez, es que leo poca actualidad.

  3. Un líder histórico, pero de verdad histórico. No se repiten estos caracteres, capaces de dar la vuelta a un sistema. Y un ser humano, con sus debilidades y sus problemas como cualquiera, con alguna esposa indigna, herederos codiciosos y todo lo demás. Pero un héroe, no poco santo.
    A don Epi: tampoco yo recuerdo si Leclerk vive o murió, pero en mi caso es que yo no leo casi los periódicos. Además, ese Nobel fue de circunstancias, como otros anteriores…

  4. Siguiendo en los suyo, los chicos de anda***, no publican las columnas del anfitrión durante el llamado finde.

    Aprovecho para recomendar una lectura, seguro que no a la altura de muchos coblogueros –no deja de ser una novela policía, aunque mucho más–, la penúltima de mi tocayo P. Markaris.

    El inicio es sugerente: Grecia, tan poblada de rufianes o más que nuestra querida Expaña, amanece el 1 de enero de 2014 fuera de la UE y del leuro. Si tienen el lector electrónico está asequible tanto en las webs de pago como en alguna filibustera.

  5. En un pueblo de Sevilla, Alcalá de Guadaíra, ha muerto un matrimonio y una hija (otra está grave) envenenada por alimentos en mal estado. En plena recta final navideña, en plena Europa de los mercaderes, en plena “Andalucía Imparable”. Les dejo a sus conciencias el comentario.

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