Vivimos en una sociedad cada día más marcadamente dual, un grupo humano roto por las diferencias económicas que deriva a peor según todos los indicadores. Lean el flamante informe FOESSA presentado por Cáritas (“Exclusión y desarrollo social en España. 2012”), apliquen el ojo de halcón a una realidad tambaleante, reparen en que la cifra de excluidos sociales de nuestro país sobrepasa los once millones y medios de personas, maticen que, bajo la tasa de pobreza admitida (casi un 22 por ciento de la población) –la que expresa la exclusión social– subyace un millón de “pobres solemnes”, o sea de víctimas de lo que eufemísticamente se llama “exclusión severa”, justo la cantidad de españoles a los que atiende esa organización religiosa. Hay diferencias temibles entre las Españas, además, pues mientras en Navarra la pobreza se mantiene alrededor de un discreto (¡) siete por ciento, en Extremadura afecta casi a cuatro de cada diez ciudadanos y en Andalucía casi a uno de cada tres. Dicen los expertos que esa pobreza es en nuestra tierra cada día más crónica, más extensa y más intensa, y que la distancia entre afortunados y pobres crece continuamente, aparte de que los efectos de la crisis auguran que seguirá progresando todavía, mientras se reduce el gasto en vestido y en alimentación hasta niveles peligrosos porque el umbral de esa pobreza ha descendido también de manera significativa. El número de familias sin ningún ingreso aumenta de continuo, se dispara el de ejecuciones hipotecarias que deja sin techo a una muchedumbre creciente, el empleo se volatiliza y sólo un dato paradójico parece animar la situación: el aumento del consumo de lujo. Es extraordinaria la paciencia de los arruinados, hay que reconocerlo, como resulta admirable que hayan tenido que llegar al poder los conservadores para adoptar las primeras medidas de choque pensadas con la cabeza. Otra cosa es que el conflicto anda ya rondando por calles y plazas, con éste o el otro motivo, con cualquier excusa y atizado por la oposición política. Poco es –demasiado poco, en realidad—para la que está cayendo.

Sabemos que hay en el planeta casi mil millones de criaturas que viven con un dólar al día aunque no sepamos cómo lo logran, pero la crisis nos ha traído la novedad de acercarnos a esos parias hasta insertarlos en nuestras propias sociedades opulentas. Denuncia el Defensor del Pueblo que del millón y medio largo de menores de quince años que viven en Andalucía, la pobreza alcanza casi a uno de cada cinco pero que no es descartable que ese número alcance el 34 por ciento a medida que vaya fallando la solidaridad familiar. La sociología resuena en el desierto con su clamor apocalíptico.

2 Comentarios

  1. Yo creía que la España de los años de la postguerra no volvería y miren por donde parece que está de vuelta de la mano de los socialistas en casa y del capitalismo internacional.
    Besos a todos

  2. Que el Señor nos de un corazón de carne a los que se lo acaparan todo y corazón solidario para compartir a los que tenemos lo necesario para vivir y así los que no tienen nada podrán tener lo necesario tambien y habra mas humanidad y hermandad aquí abajo.
    El reino de Dios tenemos que comenzarlo aquí
    Abrazos y pan para todos.

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