El espíritu de la LOAPA (aquella ley muñida entre Fraga y González para embridar las autonomías) sigue latente pero activo en todo Gobierno jacobino, es decir, en cualquier Gobierno. Ahí tienen al actual, “en funciones” para más inri, bajándose cada dos por tres  al cortijo sin saludar siquiera a la Junta. Llegan desde Madrid sin avisar y se retratan luego sonrientes como si la mas elemental cortesía institucional no exigiera un respeto al propio “Estado de las Autonomías”. Y lo han hecho ya ¡siete veces!, según la Junta, en lo que va de interinidad, como empeñados en demostrar que la autonomía constitucional no pasa de ser un plano retrasado e inferior al que ocupa el Poder central. Los mismos que se agachan ante los separatistas retan, al tiempo que desprecian, a los poderes constitucionales.

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