No es verdad que la ausencia de noticias –“no news, good news”– sea en sí misma una noticia buena. Esta semana hemos vivido en España una alterada crónica de noticiones relacionadas todas con encarcelamientos o similares (es decir, “bad news”) que han hecho las delicias de mucha gente. Ver a Otegui en la cárcel no sólo le ha alegrado al personal la pajarilla sino que ha constituido una especie de triunfo estatal cuyo trofeo se disputan a dentelladas dialécticas los de un lado y los de enfrente, y nada digo del entusiasmo con que vastas muchedumbres han acogido la vuelta a la trena del asesino en serie que tenía al Gobierno cogido por mala parte, o sea De Juana. Las noticias son malas para unos y buenas para otros, claro está, en especial cuando se producen en la cargada atmósfera maniquea que divide drásticamente en dos al país mental. No tienen más que escuchar a una dirigente histórica de la izquierda andaluza proclamando en la tele oficial su convencimiento de que el PP aguarda con impaciencia y acogería con entusiasmado la sangre derramada por ETA con tal de ganar votos. ¿Puede haber peor noticia que la sangre derramada? Pues ya ven que hasta para una veterana del progresismo convencional la idea de que un partido (el malo, por supuesto, otra cosa ni se plantea) planee beneficiarse de semejante tragedia resulta normal y corriente: más o menos, lo del muerto al hoyo y el vivo al bollo. Más prisiones: la de Al Kassar, el “príncipe de Marbella”, el traficante de armas que ya escapó más de una vez de los jueces para decepción de no pocos justicieros, pero esta vez reclamado por los Estados Unidos donde suelen pintar bastos. Y la del hijastro del narco Oubiña coincidente, que ya es casualidad, con la del nieto de su colega Charlín. Hasta a Fujimori –ahora ya para un público más restringido– lo han metido en casa con guardias de vista para que no escape mientras un pelotón de agentes de la CIA se las ve y se las desea para eludir las “mani pulite” de los jueces de Milán. Eso sí, de la pecera del 11-M han soltado sin cargos a un pringadillo finalmente exculpado de toda mácula, pero incluso esta noticia, mala para algunos, ha sido acogida con albricias por otros. “Bad news, good news”, está visto. Los viajeros románticos anotaban a su paso por España el entusiasmo popular que provocaban, junto a los toros y las procesiones, los anuncios de justicias sumarias. Poco han cambiado las cosas de Dumas hasta la fecha.
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A la gente le da moral ver que entran en el trullo quienes no creía vulnerables. El marbellazo, sin ir más lejos, ha funcionado en el inconsciente colectivo como un tónico sólo superado, por el momento, por el de las galeras terroristas en un país cuya desmoralización rayaba ya en el convencimiento de la impunidad de los peores. Cada mala noticia ha supuesto, en este sentido, un golpe sobre esa cadena moral que esta semana de excepción ha terminado por hacer trizas en términos ciertamente inquietantes, porque nunca puede ser tranquilizadora la alegría ante el mal ajeno. Pero lo es, y la reflexión más pertinente debe versar, más que sobre la razón que tiene ese gentío para regocijarse con el castigo de otros, que esa cuestión es casi obvia, sobre la compleja circunstancia que ha dado lugar a esta situación. El desafío de De Juana o la impunidad de Otegui eran escándalos insostenibles, aunque tal vez lo curioso no sea tanto le vuelco de la situación como el operado en una Justicia –en una Fiscalía, sobre todo– que actúa ahora justamente al revés de cómo venía haciéndolo en evidente sintonía con el Gobierno. Estamos justo donde nos han traído, ni más ni menos: es a esos arrieros a quienes ha de pedírseles responsabilidad porque hoy en España las malas noticias regocijen, como si fueran buenas, a una inmensa mayoría. No existe la Justicia maniquea. Lo raro es que quienes deciden no se hayan enterado a estas alturas.

12 Comentarios

  1. Conforme a la inclinación y habilidad que el imponderable Anfitrión atesora para glosar los aconteceres que a los pobladores de este reyno acaecen, y no pudiendo por mi torpeza y limitación hacer comentario a la suma dellos, quiero referirme a ese personaje que de pasada nombra, veterana, y tanto y tanto, de la siniestra andaluza.

    Como aquella desotra (q.e.p.d.) que por encubrir, o hacer penitencia, que eso pertenece al arcano, de su alta y bien guarnecida cuna, militó en la llamada Joven Guardia Bermeja, pero que terminó, como casi el completo conjunto de la siniestra, abrevando en el pilón y rumiando en el pesebre do mejor condimento y más jugosos yantares se alcanzaban, esta cuitada que ocupa la presente perorata también nasció en sábanas de holanda y tuvo desahogada niñez y abundosa y placentera juventud gracias a los altos beneficios que su progenitor obtenía de su cargo en el largo y negro período en que la ciudadanía volvió a la mísera condición de súbditos.

    Previendo que en un futuro próximo, cuando el déspota que reinaba sin corona feneciera, ocuparía la mejor siniestra la que imitaba la tiranía de los zares, allá en las estepas donde no florecían precisamente los llamados mantecados, ostentó cédula del partido, o partida, que eso nunca aclararon las crónicas, que portaba martillo y hoz en su heráldica. Comprobado el error en el ángulo de tiro de su mosquete, no tardó en abandonar las honrosas herramientas del labriego y el carpintero y acogerse al sagrado, ya floreciente y redundante, de la partida que una rosa en agraz representaba, eso sí, empuñada y no sostenida, como si en vez de ser regalo de la naturaleza fuera maza para destrozar adversarios.

    La naturaleza la dotó de una visión disminuida y de una voz semejante a la del que con exceso diario y prolongado abusa de bebidas en que el alto grado de alcohol se perfuma de hinojo y yerba anisada. Debió ser la rebeldía ante los desdenes con que madre Natura la dotó, o ese es mi humilde parescer, por lo que transformó en bífida lengua de bastarda serpiente, lo que debió ser sólo instrumento para agradecer a Dios Nuestro Señor el buen vivir que durante su ya larga, larga existencia ha gozado.

    Que además instile de veneno sus palabras, no es sino una muestra más de que, más que para representar a los sufridos miembros del pueblo en los concejos y parlamentos, su oficio debería haber sido pregonar las excelencias de sardinas, acedías, çafíos y albures, para venderlos en una mesa de pescado en cualquiera de los mercados de nuestras cibdades.

    [Vaya, pues sea, si (parte de) la concurrencia lo requiere. Identificarme pueden como Rinconete, que fue apodo que en mi primera visita a su patio el señor Monipodio tuvo a bien aplicarme, derivándolo de mi apellido primitivo y confirmándome para la posteridad con él, pues se adecuaba mejor a mi nueva condición de miembro de aquella poco recomendable cofradía. Pero comprenderán de que después de algunos siglos, y habiendo perdido in aeternum el dudoso don de la juventud, prefiera volver al apellido que mi progenitor, lo único y ni siquiera bueno, me dejó en herencia].

  2. No sé de dónde se saca Roncón la idea de que la Otra, la de la joven guardia roja, tuvo “alta y bien guarnecida cuna”. Tampoco fue para tanbto, s elo aseguro.

  3. Es cosa mala, lamentable, que las mala snorticias sean acogidas con regocijo. Eso es lo que quiere dar a entender ja, me parece a mí, que hago aquí de exégeta sin que nadie me lo pida.
    En cuanto al retrato físico de las hembras cuestionadas, querido Rinconete, mejor sería no abundar en defectillos físicos, entre otras cosas porque creo recordar que la Madre Natura dotó a esa dama de muy buen ver. (Los célibes cerramos los ojos, pero no carecemos de vista).

  4. lo que temdrían que prengutarse es cuanto han contribuido ustedes a que las cosas sean como está siendo en perjuicio de este país.

  5. (Un alto en ruta para conectar)
    Leo la columna, paro para “fichar” y seguiré mi camino (breve periplo).
    Está muy bien visto: es algo terrible que la gente se aleje del mal ajeno, y salta a la vista que “esta semana” ha tenido motivos sobrados para ejercitar esa maldad… tan justificada, para qué vamos a engañarnos. Un mal suele traer otro mal, el engaño provocar desconcierto, el absurdo acabar justificando la malicia. En fin, mañana es el día: ya veremos si quienes nos representan tienen capacidad para anteponer España a sus partidos. Aunque yo no los veo en pie de igualdad en este caso, y desde la entrevista con la 4 me temo lo peor, porque tengo la idea fija de que este “Pte”. (huy, huy…) sigue en sus treces y con su “proceso” a cuestas.

  6. (A mi don Memorioso: La necesidad y el afán de discernimiento me condujeron a los laberintos donde algo aprendí de este diabólico invento que interné le apodan. Lea:

    “…Procedente de una familia de tradición franquista -su padre fue muchos años secretario del Gobierno Civil de Sevilla-, Pina representaba a la perfección a una generación de jóvenes de la burguesía acomodada…”

    Puede completar su lectura en: http://www.elmundo.es/2000/08/09/opinion/09N0058.html
    De nada).

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    (A mi don célibe Páter: No era voluntad mía resaltar los defectos de la imperfecta interfecta, sino remarcar cómo siendo de visión disminuida tuvo la agudeza visual suficiente y conveniente para cambiar de caballo en la plenitud del galope, así cómo la intemperancia de utilizar su vozarrón viril para aplastar al adversario en los intentos de diálogo, lo que puso de manifiesto en el programa al que mi don Anfi hace expresa referencia). Boa viagem.

  7. Tampoco está tan mal que todos esos vayan a la cárcel, ni debe extrañarnos tanto que el pueblo soberano se regocije viendo que se cumple el principio de igualdad ante la ley. (Ya ves que ando un poco de coña, ja, pero ya me dirás qué podríamos hacer).

  8. ¿Que habrá votado doña Marta Sicard este domingo, otra vez a Royal? El voto es secreto, madame, sea cual fuere el suyo, mis respetos. ¡Y mi envidia!

  9. Señor Lépido, no tan tímido. Gracias por recordarme aquí.El voto es secreto pero no me importa explicar el mío. No voté socialista sino lista Bayroux porque me molesta que habiendo sido Bayroux el iniciador de una política que no reparara en derecha o izquierda, casi desaparezca del tablero politico. En la segunda vuelta tenemos aquí al sobrino de Mitterant,un tío de unos cuarenta años, muy independiente y que se molesta en visitar en bici pueblos de 400 almas donde acuden 5 personas a verle y a oir lo que dice. Y además ¡trae algo de beber y de comer!

  10. 01:50
    Buenas serían esas malas noticias si no fuera porque cambian según la voluntad y los intereses de quien debería ser neutral.

    Eso denota una preocupante inseguridad jurídica:

    Comparen la detención de los dos ancianos “agresores” de un ministro de defensa rodeado por seis guardaespaldas y tres fotógrafos con la paliza mas la patada en sus partes a un ciudadano del Foro de Ermua que para más INRI ha sido acusado de alterar el orden público.

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