Desde la Junta se lanza el mensaje de que los terrenos devastados por el vertido tóxico de Boliden en la mina de Aznalcóllar ha sido, a la postre, bueno, porque ha dejado la zona en “mejores condiciones”, más limpia que estaba antes de la avenida de inmundicia, con una fauna más rica y diversa. Pues nada, enhorabuena, felicidades, sobre todo a Bolidén, que se ha ido de rositas y llevándose el taco de las subvenciones, así como a los mineros que han visto sus vidas hechas trizas y, en el mejor de los casos, recompuestas de mala manera. La Junta oculta su responsabilidad en la catástrofe –“la mayor ocurrida en Europa”, según dijeron entonces en Bruselas–, como oculta sus maniobras que han permitido la impunidad de la multinacional causante del estropicio. Pero así es la estrategia optimista, así resuena Manolo el del Bombo, así nos va. Nada mejor que un desastre para mejorar el paisaje. No me digan que la filosofía juntera no tiene su mérito.

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