No cabe duda de que ha sido la Providencia la que nos ha salvado esta vez de la catástrofe. La explosión de un camión-cisterna cargado de queroseno en el puente internacional debe constituir una seria advertencia sobre el peligro real que supone el transporte de materiales tan peligrosos a horas de máxima aglomeración de tráfico y en zonas tan concurridas. El auténtico caos vivido el martes en nuestras carreteras y en las portuguesas demuestra que no basta con desdramatizar desde los despachos sino que se hace necesario un control real y una normativa exigente para regular esa actividad, sin duda necesaria, pero con toda evidencia altamente peligrosa. Hay que ayudar a esa Providencia y no limitarse a confiar en que la buena suerte haga el resto, y es preciso recordar que ésta no es la primera vez que un transporte de alto riesgo tiene un accidente en nuestra provincia. El martes pudimos vivir una tragedia como la terrible de Los Alfaques. Resulta obligado impedir que se mantenga un régimen como el actual que implica riesgos tan temerosos. 

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