Jugar con el “masculino genérico”, tan defendido por la RAE como denostado por el menadismo, conlleva graves peligros. Ahí tienen a un borrico lucentino argumentando, para no subirle el sueldo a las mujeres de su empresa, que “la ley habla de trabajadores y no de trabajadoras”. ¿Lo ven? No sé de qué se quejan ahora los síndicos y el feminismo cuando, aparte de los bobos de capirote, ellos y los políticos oportunistas son quienes han desdoblado el lenguaje con tan cargante insistencia. No faltará, seguro, quien vea en este incidente celtibérico una venganza poética del espectro nebrisense, harto de coles con tanto remilgo “de género” y tantas pamplinas pseudo-gramaticales. Lo que no sabemos es si el nuevo Gobierno, con tantas mujeres por metro cuadrado, resolverá el problema de fondo o no.

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