Para muchas cosas, qué duda cabe, pero, lamentablemente, no para algunas de las más esenciales. Para librarnos del mochuelo de ser una de las pocas comunidades españolas que han renunciado a rebajar o eliminar el impuesto de sucesiones, para superar el fracaso educacional o, en fin, para algo tan urgente como organizar la sanidad de verano sin mantener las insostenibles listas de espera que la Junta oculta en la cámara oscura desde hace más de un año. No es que esperáramos que en la autonomía los fueran atados los perros con longaniza, desde luego, pero sí que nos sacara de una vez de la cola del tren nacional y nos mantuviera ni más ni menos que a la altura de los demás españoles. Más de tres decenios de “régimen”absoluto legitiman aquella incómoda pregunta.

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