Pedir la luna

¡Pues anda que no pide nada el PP cuando negocia el cambio en Canal Sur! Nada menos que sustituir al fiel insustituible –¿o por qué se cree el PP que el PSOE puso a ese interino?–, reducir el biempagado Consejo de Administración y poner el ente en manos de profesionales. “¡Amos, anda!”, le dirían en Madrid. Una televisión del “régimen” no puede ser más que una televisión del “régimen, valga la tautología, y eso requiere un director partidista y un colocadero pingüe para los descolgados del Poder y de la Oposición (que también come), lo cual supone, sí o sí, excluir a los expertos y sustituirlos por los adictos. Esos “entes” autonómicos –en Sevilla, en Madrid, en Bilbao o en Barcelona— ha sido siempre la voz de su amo. Lástima que, cuando pudo ocurrir, el PP no pudiera demostrar que me equivoco.

La gran fosa

Para “memoria histórica” –ahora que la Junta va a imponerla, ¡como asignatura escolar!, a los andalucitos– la que en el futuro mirará a nuestro tiempo como a una era indiferente ante la tragedia masiva que sufren los inmigrantes africanos ahogados antes de llegar a nuestras playas. Hablamos ya de miles, más de mil trescientos en este primer semestre, y menos mal que el salvamento marítimo rescata en última instancia, un día sí y otro también, a otros cientos o miles. Antier mismo, una vez más, otro medio centenar de náufragos ahogados frente a Almería. Y Europa fumándose un puro en su Parlamento vacío, mientras España cumple su compromiso de acogida con cuentagotas. El cataclismo demográfico de la nueva inmigración no es sólo un problema que abre una nueva época. Es también, y sobre todo, un crimen.

El opio del agravio

No es nuevo. Desde que la Junta es Junta –es decir, PSOE—lo suyo ha sido apoyar al Gobierno de su partido y emplearse a fondo como ariete contra los ajenos. Pero ahora, cuando la política nacional se ha reducido al objetivo único de echar al Gobierno que gana elección tras elección, desde Andalucía se extrema el argumento del agravio comparativo culpando al ejecutivo rival de todas nuestras limitaciones. ¡Como si no fuera el mismo partido el que lleva gobernando esta región más o menos lo que duró la Dictadura, sin que se haya movido un ápice nuestro puesto en el ránking nacional! El cuento del agravio es otro opio del pueblo, de un pueblo que no sale de su postración mientras sus mandamases –con más competencias que cualquier gobernante federal—se limitan a culpar a Madrid.

El partido vertical

Por lo visto, aquí no se necesita más que llegar al poder para empezar los trampeos. Ciudadanos, C’s, debe aclarar –si es que puede—qué significa lo que media España ha escuchado en la grabación a su delegado territorial de Andalucía, a saber, que los Ayuntamientos no pueden gastar más que el 70 por ciento de las subvenciones recibidas, debiendo reservar el 30 por ciento restante…, ¡ah, no se sabe para qué! Son las instrucciones de ese delegado a un responsable que, como es natural, no las tenía todas consigo, hasta el extremo de preguntar por el destino de esa “mordida”. ¿Y saben qué contestó el delegata? Pues que eso no lo sabía él, pero que perder, no se perdería, ya que C’S es un “partido vertical”. ¡Acabáramos! Aquí el más tonto hace un reloj.

Rey y Roque

Una abogadita granadina –24 años tiene la criatura—se ha negado en redondo a respetar la fórmula del juramento colegial, sustituyendo la mención al Rey –es decir, al Jefe del Estado constitucional—por una mención al pueblo soberano, y lo notable es que el Colegio Oficial se ha achantado e incluso se propone cambiar la fórmula eliminando esa mención por si, en el futuro, a alguien no le gusta. ¡Estupendo! Este abuso de la libertad demuestra la postración del principio de autoridad que padecemos en un país donde los diputados llevan bebés al hemiciclo del Congreso y hay líderes de partido que acuden a ver a ese Jefe del Estado en mangas de camisa. Urge superar ese complejo que a medio o corto plazo garantiza el éxito de la anomia sobre la democracia.

El otro incendio

Menos mal que el curso escolar acaba pronto. Bastante han pasado ya nuestras criaturas y nuestros docentes. El calor es un fenómeno natural no del todo imprevisible pero, en cualquier caso, quienes gobiernan desde la Junta hace tiempo que tiraron la toalla frente a él. Arden los campos –¡hasta el Parque nacional de Doñana!— y arden las aulas porque, como explicaba ayer aquí brillantemente Juan José Borrero, la Junta une a su incompetencia demostrada su escasísima voluntad ecologista. Ni uno solo de los últimos responsables de Medio Ambiente ha llegado al cargo con una mínima experiencia en la gestión del “medio”. Y ni uno/a de los responsables de Educación ha padecido el rigor de esas aulas ardientes, incluido ese burdo delegado provincial que alega el posible daño de la climatización “al planeta” sin que le riñan siquiera.