La marcha atrás

Que no funciona la autonomía –el “régimen”, claro— no admite discusión. Lean el duro pero brillante informe que hacía ayer aquí mismo A. R. Vega, escuchen junto a ello las opiniones del profesor Ferraro: seguimos en la cola de Europa, la renta ha retrocedido hasta el nivel de hace 15 años, nuestro paro es escandalosamente grave…, mientras hay otras comunidades españolas que han progresado bastante. ¿Por qué, que ha hecho y que ha dejado de hacer ese “régimen” que dura ya casi tanto como duró la Dictadura? Seguimos manga por hombro, sin un plan de desarrollo definido, manteniendo las viejas estructuras y cerrados a la innovación. Números cantan. Pero es hora de preguntarse por la razón de que Andalucía tenga que viajar impotente en el pelotón de los torpes.

La más alta censura

Son innumerables las anécdotas de la Censura ejercida por la pasada dictadura. Como filtraciones las hubo siempre, hasta en aquella dictadura ocurría que el papel tachado por el censor llegaba a manos de los afligidos autores. Pero hubo también casos memorables como el que paso a relatarles. Cuando en 1971 se cumplió el primer medio siglo del llamado “desastre de Annual”, me encargó la revista “Triunfo” uno de mis reportajes históricos sobre el terrible suceso –quizá más de 10.000 soldados españoles caídos, la inmensa mayoría campesinos pobres pillados a lazo– pero mi esfuerzo resultó vano tras ser prohibido por la autoridad. Dos años después, en el 73, décimo aniversario de la muerte de Abd-el-Krim, el director Ezcurra me pidió que repitiera mi intento, centrado esta vez en la figura memorable del genial estratega rifeño al que acabarían admirando, entre otros, como Ho-Chi-Minh o el Ché Guevara.

Haro Tecglen, que había servido en el Alto Comisariado y dirigido la radio oficial española (en la que él nos contaba que tuvo a sus órdenes a un hermano de nuestro personaje), y más tarde “La España de Tánger”– me advirtió enseguida que ése era un tema tabú dada la rencorosa obstinación de Franco contra aquel otro caudillo que en Annual había hecho morder el polvo a nuestras tropas, siendo él ya comandante de la I Bandera de la Legión bajo el mando del insensato general Silvestre. Y pronto lo comprobamos, pues a la tímida consulta de Ezcurra al ministro Sánchez Bella, éste respondió con la consiguiente amenaza de cierre del semanario, y ni siquiera la mediación de Villar Palasí –ministro de Educación y cuñado de Ezcurra– logró ablandar su censura. Abd-el-Krim era innombrable, por lo visto, y seguiría siéndolo mientras alentará el caudillo africanista que nos gobernaba.

Acaso no nos percatábamos de que de aquel “desastre” no nos separaba más que medio siglo mal contado y ése es, por lo visto, poco tiempo para que cicatrice una herida tan atroz. Habíamos leído”Imán”, la novela juvenil de Sender, en la que reconstruía el episodio recordando no sólo la crueldad inconcebible de los cabileños sino también el uso ominoso de gases vesicantes y neurotóxicos empleados por los colonizadores. Abd-el-Krim, el antaño “moro amigo”, el traductor que escribía en árabe en “El telegrama del Rif”, el que fundó aquella República del Rif casi tan efímera como la Puigdemont, y del que se dice que incluso intentó tardíamente pactar con Franco, no estaba tan lejos como creíamos los jóvenes, sino que seguía siendo, quién lo habría imaginado, una de las grandes obsesiones de nuestro Dictador.

De matute

La aprobación de matute de una norma, es decir, camuflada en el “cajón de sastre” (la expresión viene de los juristas, ojo) de la Ley de Acompañamiento del Presupuesto es, desde hace muchos años, una maniobra habitual y, todo hay que decirlo, no sólo en la Junta de Andalucía. Ahora, por ejemplo, en ese “cajón” viajará de matute la reforma del impuesto sobre la herencia que doña Susana ha concedido a Ciudadanos en pago de sus servicios y a cencerros tapados. Ni siquiera el rapapolvo del Consejo Consultivo de Andalucía –que pronunciado así parece mucho más de lo que en realidad es— y su dictamen de que tal reforma exige una ley propia y separada, inquieta, sin embargo, a un Parlamento cuyo presidente más parece un obsequioso juntero que un legislador. El “régimen” funciona siempre. Esta temporada apuntalado por C’s.

Mapa de la vergüenza

Ilustran ese mapa que ayer publicábamos 6 colores, desde el gualda claro de la prosperidad al triste morado del atraso, y Andalucía aparece en él tintada de ese color. Tras más de tres decenios de “régimen” y la millonada recibida de la solidaridad europea, nuestra comunidad autónoma –junto con el Mezzogiorno italiano y la Grecia arruinada– sobrevive con una tasa de paro máxima, una mermada población activa, un raquítico PIB y una población mal instruida, siempre por muy debajo de las medias española y europea. ¿No es evidente el fracaso de nuestra autonomía, por qué se mostrarán tan optimistas nuestros rabadanes si el rebaño ramonea famélico a duras penas? Quien dirige este diario se quejaba antier aquí de la pasividad social. No seré yo, desde luego, quien le discuta su razón.

¡Al pulpo, ni reñirle!

Con el ruido catalán se nos han escapado algunas de las mejores. La imagen del Parlamento andaluz, por ejemplo, votando una espartana proposición podemita que pretendía reducir los escandalosos “privilegios económicos” de sus Señorías. Pero, ca: a la hora de recortar la pasta se han unido como un solo voto, a fin de evitarlo, el PP mayoritario, el poderoso PSOE, los “moralizadores” de Ciudadanos y los escombros de IU, para que todo siga igual y el festín continúe. ¡Al pulpo, ni reñirle! Nada cambiará, pues, dado que los diputados, a diferencia del resto de los currelantes, son los únicos que establecen e imponen libremente sus beneficios y sus condiciones de trabajo. ¡Qué razón llevaba Chaves cuando advirtió que “con las cosas de comer no se juega”! Si lo sabría él…

La otra mitad

Gran exhibición la que ayer hizo la “muchedumbre silenciosa” de Cataluña apoyada por el inmenso coro español. Su rotunda presencia deshizo la falacia del país ocupado en busca de su independencia, pero evidenciando la realidad de un pueblo partido en dos mitades enfrentadas como los gañanes del cuadro goyesco. La sociedad ha dado una lección soberana a sus instituciones y éstas no deben olvidar esa irrefutable imagen ni desoír el doble mantra que atronó la calle: el “¡viva España!-¡visca Catalunya!” y el “Puigdemont a prisión”. Todo será más fácil desde ahora para el Estado aunque, sin duda, queden unas peligrosas manos pendientes en la partida de la tramposa timba secesionista. Se acabó, pues, la fábula y ahora hay que rematarla con una moraleja. Tan feliz como permita la circunstancia, tan implacable como merezca la sedición.