Un poder andaluz

No le falta razón a la presidenta Díaz cuando pide a los partidos de la Oposición andaluza formar un frente unido a la hora de negociar la financiación autonómica. Ni en decantarse por la igualdad territorial a ultranza contra lo que, al parecer, pretende el tacticismo personalista de Sánchez e Iceta, porque no es cierto el apotegma de Chaves de que “lo que es bueno para Cataluña es bueno para Andalucía”, qué va, e incluso puede ser todo lo contrario. En el fondo lo que se ventila en este pulso es el modelo territorial de nuestro Estado autonómico, o sea, ni más ni menos que la viabilidad de nuestro régimen constitucional. Sería miope por parte de los partidos no apoyar a Díaz en este negocio como lo fue siempre en política anteponer la táctica a la estrategia.

La murga sigue

Dice la hija de Carlos Cano –¡querido Carlos”!—que su padre dejó de cantar la “verdiblanca” cuando la vio en los banderines de los coches oficiales. Si viviera hoy vería reconvertidos al autonomismo a tirios y troyanos, todos proclamando el 4-D como un solo hombre, incluidos los muchísimos que entonces no estaban por la labor y los que se subieron a ese tren forzados por las circunstancias. La desmemoria hace milagros, pero ahí está la hemeroteca: muchos, unos y otros, estoy por no decir que la mayoría, pillaron ese tren en el último vagón aunque ahora entren en la estación atronando con el silbato. La Historia está repleta de protagonistas “a posteriori”, pero cuarenta años después, ni hay trabajo ni los emigrantes han vuelto –como él cantaba–, parapá, parapá, parapá pa pa.

Igualdad autonómica

Fin de semana reivindicativo de la igualdad autonómica. Doña Susana dispara contra Iceta decantándose, con razón, contra el modelo de financiación “confederalista” que propone el PSC y se compromete, además, a enarbolar “la bandera de la dignidad, la igualdad y la libertad” entre las autonomías, aunque no faltará quien –vista la situación andaluza– diga que lo hace con más de tres decenios de retraso. Lleva razón, de todas maneras, le guste más o menos a Pedro Sánchez que es, de momento, quien manda. Urge ajustar este federalismo imperfecto porque, en otro caso, el Estado de las Autonomías habrá encontrado su límite y habrá que empezar de nuevo. Como en su día hiciera el olvidado PSA, el PSOE andaluz tiene la obligación de jugársela en favor de la igualdad autonómica.

Un charnego inspirado

Contra lo que pueda creerse, el lema “Espanya ens roba” no lo inventó ningún rufián de turno ni fue ocurrencia de ninguna de las minervas del separatismo delincuente. Lejos de eso, su autor fue un personaje curioso, de tan excelente currículo profesional como vidriosa crónica biográfica. Se llama Alfons López Tena y es notario con brillante ejecutoria activista, con cuyos padres tuve el honor de mantener una larga amistad nacida de nuestra compartida afición taurina cultivada año tras año por ellos en su inexorable visita primaveral. Don José Manuel, su padre, también notario, fue un andaluz irreductible nacido y criado en Lebrija, que ganó su notaría a fuerza de voluntades –entre las que no faltó, según me contó más de una vez, la de algún ilustre escritor—y de un sentido férreo de la disciplina que incluía a rajatabla el rigor moral. Cada primavera, como digo, con las primeras golondrinas, me llamaba temprano para pasear por Sevilla, recorrer los lugares de su (prodigiosa) memoria, saludar a los viejos amigos para acabar al mediodía paladeando nuestra albertiana manzanilla. Era un sabio prudente y cercano, que hablaba con pasión de su hijos –además de Alfons, tenía otra hija, también notaria, casada con una “vieja gloria” del fútbol–, que amaba su tierra natal y bramaba contra los varios despropósitos de nuestra democracia con el mismo vigor que antes rechazara los de la Dictadura. Y Alfons era perfecto, según él. ¡La venda que ciega a los padres, ya se sabe!

Bueno, pues este charnego –incansable agitador político, buen jurista por lo que sé, lector constante y amigo del arte, diputado autonómico, vocal del CGPJ, expedientado luego y acusado de agresión a la Guardia Civil— fue el inventor de ese lema mendaz y absurdo del que se ha alimentado el ánimo “indepe”. Un tipo raro que pasó de ariete de la derecha “convergente” a renegar del “procès” por considerar que “los catalanes desean la independencia pero no la quieren” y retratar al secesionismo radical como posible autor de “una especie de ley cuántica, en la que se está dentro y fuera de España simultáneamente”. ¿Artur Mas, de quien fue asesor siete años? Pues “un político de cuarta regional”, “autoritario y rencoroso”, que no lee nada “aunque se jacta en público” de hacerlo, y a quien alguien elevó pensando que “podría manejarlo como algo transitorio para esperar a Oriol Pujol” (véase la imprescindible entrevista de Daniel G. Sastre).

Ya ven lo que puede dar de sí el complejo charnego aliado con la credulidad popular. Lo que no quiero ni imaginar es la cara de su señor padre, mi don Juan Manuel, si levantara la cabeza y contemplara este espectáculo.

Consenso y rodillo

Malamente podrá Ciudadanos explicar a sus electores por qué ha dado manos libres a la Junta de la que es “socio para todo” y, muy en especial, por qué ha apoyado, durante años, el rechazo sistemático de todas las enmiendas de la leal Oposición, más de 3.000, según el cálculo de Stella Benot. Mucho hablar de “diálogo” y “consenso” pero a la vista está que al Poder –acaso a todo Poder— le mola más el “conflicto”. ¿Para qué un Parlamento tan costoso entonces (permítanme la pregunta retórica), no podríamos ahorrarnos nuestros buenos millones prescindiendo de tan inútil mascarada parlamentaria? ¿O es que resulta creíble que ninguna de esas 3.000 enmiendas rechazadas fuera razonable? C’S en Andalucía es el sostén jurado del “régimen” y suyas son también, en consecuencia, las responsabilidades.

Un bien colateral

Algo bueno, aunque sea colateralmente, había de tener un juicio como el de los ERE, tras tanto tira y afloja. Y lo tendrá, aunque sea en beneficio de los propios manguitos de la Audiencia Provincial de Sevilla, cuyas viejas e indignas “toilettes” –en ocasiones compartidas por sus Señorías con los justiciables— van a ser dignificadas ahora a toda máquina con motivo de celebrarse en ese edificio el plenario famoso. Hay que guardar las formas, por lo visto, teniendo en cuenta el foco que va a caer sobre esa Audiencia mientras se juzga nada menos que a dos ex-Presidentes y a la tira de altos cargos, presumiblemente observados con lupa por la prensa “canallesca” que, sin duda, abarrotará el edificio. Eso es lo que se llama un “beneficio colateral” y lo demás son tonterías.