Blanca Navidad

Abruman los datos sobre la pobreza mientras nos disponemos a repetir el tradicional “potlatch” navideño. Frente al derroche masivo, la realidad de una acusadora miseria. Datos: la Junta reduce su aportación mientras 3 millones de andaluces “malviven” según Derechos Humanos, y uno de cada 3 permanece en la pobreza; Cáritas atiende a 6.000 “sin techo” y el Ayuntamiento de Sevilla acepta que cerca de 500 duermen al raso en sus calles, de los cuales consta que la mitad ha sufrido alguna salvaje agresión y que la mayoría sobrevive en los comedores caritativos. ¡Gran fracaso de la solidaridad social, batacazo político e indiferencia ciudadana! El resto, bien, gracias: se prevé que el gasto navideño crecerá estos días hasta recuperar el nivel anterior a la crisis. ¡Menos mal que vivimos hace más de 30 años bajo un “régimen “socialista”, que si no…!

La mala imagen

Comienza una semana políticamente dramática para el “régimen” de Andalucía. Ver a nuestras autoridades en el banquillo –aún presuntas y no convictas, no se olvide– será tan duro para Andalucía como para los justiciables, y será preciso por ello extremar el tacto y suprimir con energía la emotividad ante el trabajo de la Justicia. Se equivocan a mi juicio, los que desean lo peor a los concernidos, como yerran los que querrían saltar de un brinco sobre unos hechos lamentablemente clamorosos. “Dura lex sed lex”, decía el romano, pero afirmaba también que “Summum ius summa iniuria. Sobran la pasión y el revanchismo. Porque todos estamos en ese escaparate al que sólo cabe mirar con templanza.

Nuestros tiranos

Hay noticias recientes y felices sobre dos tiranos. En Zimbabue ha caído Mugabe, el sátrapa nonagenario, junto con el ciclón de su señora, aunque a ambos se les ha concedido el privilegio de la inmunidad que impedirá a sus víctimas hasta la mínima compensación de verlo en un banquillo justiciero. A Mladic, en cambio, aquel carnicero impío que perpetró el genocidio de Sbrenica, lo han mandado de vuelta a su celda por una temporada los manguitos del TPI. ¡A buenas horas, pero menos mal! Recuerdo el vendaval que me cayó encima por decir en una tertulia de la radio, en tiempos de la tragedia balcánica, que los yugoeslavos acabarían echando de menos al mariscal Tito, una profecía que –de forma expresa o tácita— es lamentablemente, hace tiempo, una triste realidad. La justicia internacional se administra con cuentagotas, lejana ya del espíritu jurídico que animaron los teólogos españoles de la “segunda Escolástica”, en cierto modo en la estela de Tomás de Aquino, y muy en especial el padre Mariana, elocuente defensor del regicida del monarca francés. Lo normal es que los tiranos mueran en su cama y no seré yo quien aconseje lo contrario pero, ciertamente, a la vista de tan extensa nómina, la cosa no deja de ser decepcionante. La condena de Mladic, en todo caso, completa un razonable ajuste de cuentas legítimas con los criminales aunque deje intacta la responsabilidad de este democrático Occidente cuyas tropas de interposición permitieron los crímenes del condenado e hicieron la vista gorda durante años ante su impunidad protegida.

Que no, que después de Nuremberg, la conciencia del mundo libre no logra deshacerse de un cierto complejo garantista que funciona, en la práctica, como el mejor seguro de los dictadores. Se fue de rositas Stroessner, se fue Videla, se fue Amin Dada, se fue Pol Pot, se fue Pinochet y tantos otros…, dejando tras ellos, a porfía, un atroz reguero de sangre y el más inútil de los duelos. La imagen de Pilatos lavándose las manos sigue intacta en pleno apogeo de una civilización que provee de máximas garantías a esos canallas que avasallaron sin piedad a pueblos indefensos. ¿No anduvo por ahí durante años la viuda de Mobutu reclamando la solidaridad pública en apoyo de su reclamación de la fortuna que aquel bárbaro guardaba blindada en las cajas fuertes de nuestra banca hiperliberal? En fin, habrá que conformarse con esta “pedrea” justiciera. Los premios gordos, no se preocupen, porque no están siquiera en el bombo.

No escarmientan

Ni escarmientan ni, presumible y lamentablemente, escarmentarán. ¿Y por qué iban a hacerlo si tienen a la vista, desde Juan Guerra para acá, que aquí casi nunca pasa nada? Fíjense en el último presunto mangazo registrado en la Diputación de Huelva, calcado de tantos anteriores, aunque la verdad es que puestos a fijarse ahí está el caso que afecta al señor presidente del Parlamento, acusado por la Oposición –a excepción de Ciudadanos, ni que decir tiene—de apañar un contratillo navideño para una empresa de un sobrino suyo, a lo que parece, trampeando a la Mesa. Dicen que la Cámara de Cuentas va a investigar el caso pero, como comprenderán, un asunto tan feo está pidiendo a gritos una fulminante intervención política y no un mamoneo más. ¡Un Presidente de un Parlamento, ahí es nada! A ver cómo quieren que los de abajo se aprieten los machos y no se desvíen.

Un poder andaluz

No le falta razón a la presidenta Díaz cuando pide a los partidos de la Oposición andaluza formar un frente unido a la hora de negociar la financiación autonómica. Ni en decantarse por la igualdad territorial a ultranza contra lo que, al parecer, pretende el tacticismo personalista de Sánchez e Iceta, porque no es cierto el apotegma de Chaves de que “lo que es bueno para Cataluña es bueno para Andalucía”, qué va, e incluso puede ser todo lo contrario. En el fondo lo que se ventila en este pulso es el modelo territorial de nuestro Estado autonómico, o sea, ni más ni menos que la viabilidad de nuestro régimen constitucional. Sería miope por parte de los partidos no apoyar a Díaz en este negocio como lo fue siempre en política anteponer la táctica a la estrategia.

La murga sigue

Dice la hija de Carlos Cano –¡querido Carlos”!—que su padre dejó de cantar la “verdiblanca” cuando la vio en los banderines de los coches oficiales. Si viviera hoy vería reconvertidos al autonomismo a tirios y troyanos, todos proclamando el 4-D como un solo hombre, incluidos los muchísimos que entonces no estaban por la labor y los que se subieron a ese tren forzados por las circunstancias. La desmemoria hace milagros, pero ahí está la hemeroteca: muchos, unos y otros, estoy por no decir que la mayoría, pillaron ese tren en el último vagón aunque ahora entren en la estación atronando con el silbato. La Historia está repleta de protagonistas “a posteriori”, pero cuarenta años después, ni hay trabajo ni los emigrantes han vuelto –como él cantaba–, parapá, parapá, parapá pa pa.