Politiqueo del agua

¡Vaya jugada que le acaba de hacer Pedro Sánchez a Susana Díaz al anunciar el fin de los trasvases y la vuelta al mangoneo de las ruinosas desaladoras! Ni el reciente y lamentable espectáculo del Norte anegado ha bastado para estimular su grotesca insensibilidad, sino que parece haberle afirmado en la tesis zataperil de los grifos cerrados. ¿Qué le va a contar esta vez su partido a la Andalucía seca que ve estupefacta como el diluvio se pierde en el mar por un mísero interés electoral? De nuevo una opción de gobierno amenaza a media España con impedir una gestión solidaria del agua, confirmando que la política es capaz de envenenar la convivencia española cuando lo reclama el interés de partido. Costa diría que estas cosas ocurren por poner la vida pública en manos de aficionados y logreros. Doña Susana no sé qué dirá.

Último acto

Encara su último acto la tragicomedia de los ERE con el ex–presidente Chaves como protagonista. Todo el daño que se le podía hacer a Andalucía, ya está prácticamente hecho con esa imagen que tanto ha durado en portada: el banquillo de la jerarquía. Toda prudencia será poca, en todo caso, durante esa recta final de un plenario tan desconcertante como previsible, tras el que nada volverá a ser igual en nuestro horizonte político, tanto si, al final, las sentencias son severas como si resultan catonianas. El disparate no ha sido sino el resultado fatal de un “régimen”, una larga autarquía de hecho frente a la que nunca hubo una Oposición como la gente. Quizá hemos perdido, entre unos y otros, el penúltimo tren de la historia. Lo suyo, a pesar de los pesares, sería esperar al siguiente.

Más leyenda negra

Tal vez no cese nunca. La “leyenda negra” –lean el reciente libro de Elvira Roca o el ya centenario de Julián Juderías—lleva camino de sobrevivir indefinidamente clonándose a sí misma. Su último capítulo, el escrito a la sombre de la dictadura franquista, ahí sigue caracoleando en el limbo culposo de la malquerencia de unos y otros. ¡No nos “perdonarán” nunca, ni siquiera los que tienen mucho que perdonar! Ahí tienen, estos mismos días, la tarta de disparates de la Justicia europea con la guinda intolerable colocada por la ministra alemana de Justicia: “Si no se prueba tampoco la malversación de caudales, Puigdemont será un ciudadano libre en un país libre”. Ahí queda eso. ¿Un país libre Alemania? ¿Y España no? Hay que tener audacia para señalar a la democracia española desde un país con el pasado de Alemania, y no me refiero al apocalipsis nazi sino a sucesos post-bélicos tan “democráticos” como el degüello en sus celdas de los miembros de la banda Baader-Meinhof o la bárbara masacre de Múnich en el año olímpico del 72.

Es posible que el triste asunto no renga remedio, lo que no implica por mi parte esquivar la responsabilidad relativa de nuestra diplomacia, incapaz desde siempre y hasta ahora de explicar por ahí fuera que padecer una tiranía durante cuarenta años no es motivo para extender su alargada sobra sobre una democracia que dura ya otro tanto. Nadie señaló a la democracia recuperada en Alemania tras su derrota bélica, porque era evidente que Adenauer o Willy Brandt nada tenían que ver con Göring o Goebbels, y ello a pesar de cuanto se ha especulado con la “responsabilidad colectiva” del pueblo alemán. ¿Por qué sostiene la ministra, a pesar de las rectificaciones tardías, que hoy día Alemania es libre y España no, a ver? Pues sencillamente porque, increíblemente, incluso en el democrático Gobierno alemán sigue viva la “leyenda negra”.

No deja de ser raro, por lo demás, que un país como el alemán, que recientemente revisó su estructura federal, recortando las competencias de los “länder”, para reforzar el sentido de la nación frente a eventuales aventuras regionales, apoye de hecho a los separatistas catalanes, unos golpistas más desahogados que los propios nazis a la hora de asaltar el Poder. Y se entiende, hasta cierto punto, que ni el Gobierno ofendido ni el ofensor estén por la labor de ver sus buenas relaciones en peligro, pero no la evidencia de que desde Europa se nos siga mirando como un país arriscado y rehén de un pasado que, hay que repetirlo, no es peor, ni mucho menos, que el de nuestros socios continentales. Los tópicos son cómodos, qué duda cabe, pero no por eso dejan de ser tan injustos como intolerables.

Una guerra difícil

Junto a imágenes de la penúltima gran redada antinarco en la costa gaditana, vemos estupefactos en la tele la de un capo o lo que sea exhibiéndose victorioso durante un desembarco. Son las dos caras de esta difícil guerra que se ha decidido cuando ya ese enemigo social dominaba, en buena medida, el mapa estratégico, pero que, finalmente, parece determinada a frenar tanta euforia criminal. No se puede consentir la existencia de “un Estado dentro del Estado” –que es lo que siempre fue el bandolerismo— ni es posible obviar la gravedad de este desafío. Claro que el problema no se resolverá sólo con el ejercicio de la inexcusable autoridad sino reconstruyendo económicamente la sociedad devastada que le sirve de cimiento y abono. Como demuestra su historia, mientras esa costa sea pobre de solemnidad, habrá bandidaje.

Fuego amigo

Hay que reconocer que bastante ha durado ya el prudente pacto de no agresión entre los acusados del caso ERE. Pero parece que ya se resquebraja, a juzgar por la refriega entre el ex-consejero Fernández y el ex-Interventor que tuvo lugar antier, justo antes de que ayer se abriera el turno de los ex-Presidentes. Y quizá eso era lo inevitable –el “sálvese quien pueda”— pero no hay duda de que, a la larga, semejante espectáculo, ha de resultar perjudicial para todos, incluyendo al prestigio colectivo, es decir, al buen nombre de Andalucía, hoy, por desgracia, no muy alto, pero que debería ser, si no prioridad, al menos objetivo de unos y otros. Lo previsible, en definitiva, aunque me temo que aún nos quede mucho por ver y lamentar. ¡No sé qué sería de este plató si se apagaran los focos en el madrileño del “masterazo”!

Payasos subvencionados

Enorme cabreo en Huelva porque tres payasos de la SER se han encarnizado, en plan cateto, con sus gentes. Nada nuevo, el catetismo capitalino, pero ya arden las redes sociales, con razón, acordándose de los antepasados de los insultantes. Y algo más fuerte y más lógico: protestando porque esa emisora tan partidista –la misma que ofende a los onubenses a pleno pulmón– se beneficie de los dineros públicos de las instituciones locales. ¡Es como pagar al tonto para que te apedree el tejado! Realmente resulta penoso que esas instituciones –el Ayuntamiento, la Diputación—se hayan limitado a emitir un tímido comunicado/cataplasma, y más penoso si cabe que ni siquiera se planteen revisar su relación de patronazgo con la empresa responsable. Por lo demás, me pregunto para qué gastaremos millones en esos Consejos Audiovisuales que ocultan la gravedad mientras persiguen a la bruja Lola.