Jaula de grillos

Que Podemos busca y anda consiguiendo sustituir al PSOE es cosa que ya apenas duda nadie. Pero también amenaza con destruir –más bien de sembrar de sal las ruinas— de Izquierda Unida, aquella importante burbuja con que Julio Anguita reinventó una Izquierda que oponer a la socialdemocracia amaestrada. Y si no vean a esa coalición, de suyo tan compacta y centralista, partida por gala en dos (por lo menos), un bando encabezado por  su coordinador Maíllo, que bebe los vientos por juntarse con Podemos, y el otro –en manos de Valderas, Pérez Tapias y otros desahuciados  pro PSOE— que tira del otro extremo de esa pecaría manta. ¡Otra jaula de grillos! No es que Anguita esté exento de culpa en estos quebrantos, pero está claro que, sin él, IU no ha hecho más que navegar sin rumbo e irse diluyendo hasta borrar del mapa la vieja ilusión radical.

El último tango

Durante la década de los años 70, muchos universitarios españoles y franceses, tuvimos abierta la cita en la, universidad de Pau, por el profesor y exiliado Manuel Tuñón de Lara, el Congreso de Historia Contemporánea de España, ocasión singular para la mayoría de asomarse a la nueva versión del pasado nacional que iba perfilándose ya y acabaría por cuajar, en especial en torno a la crónica del movimiento obrero en España. Recuerdo que fui a algunas de sus primeras convocatorias (¿73, 74?) acudiendo en coche desde Madrid en compañía de Gabriel Tortella, por entonces ya flamante profesor en los EEUU, Jean-Paul Botrel, a quien aguardaba una brillante carrera académica, y donde nos encontrábamos con entonces jóvenes profesores como Javier Tusell o Juan Ferreras, que ejercía en La Sorbona, o el generoso y joven maestro Elías Díaz. Nadie ignoraba que el evento era auspiciado por el PCE y en su ámbito podría encontrarse desde algún espía camuflado hasta la mesa donde un grupo etarra se empeñaba en captar voluntades pero, como ha ilustrado el propio Tortella en un precioso recordatorio, Tuñón mismo cuidaba de mantener separadas las ansias políticas del escenario investigador.

Eran los años en que muchos españolitos viajaban (con sus mujeres a cuesta) hasta Pau, Perpignan y otras localidades próximas a la frontera para asistir a la proyección del cine prohibido y muy señaladamente a la de “El último tango en París” que luego era discutida con celo en sus detalles en las reuniones posteriores celebradas en la terraza de “La Coupole”. Pero hay que reconocer –y ahí están las ediciones de sus sesiones editadas tras cada Congreso— el esfuerzo intelectual sin precedentes que supuso encarrilar una pormenorizada crónica del XIX español y, en particular, de la formación e historia del movimiento obrero a la que no fueron ajenos, entre otros, los trabajos complementarios de Antonio Elorza, Álvarez Junco, Carmen Iglesias o del desdichado A. M. Calero Amor.

Salir al exterior, respirar aires de libertad en la universidad francesa fue un privilegio de no pocos de nosotros, entre los cuales algunos alcanzamos a frecuentar en su propia casa la afectuosa amistad de Tuñón, lo que no nos impide hoy (a algunos) comprender la estrechez ideológica en que, a pesar de la mejor voluntad, todavía habíamos de movernos. Por la noche, en nuestros paseos a la orilla de la Gave du Pau, continuábamos nuestros maratones dialécticos espoleados por la virtud del “pastis” o del Calvados. Mirando atrás sin ira ni complacencia, no pocos echamos de menos aquellas oxigenantes excursiones en las que, por unos días, nos era dado desprendernos del asfixiante corsé generacional.

Gana Penélope

Poco a poco, la juez sustituta de Mercedes Alaya, ha ido desgranando la trabajosa instrucción de aquella hasta dejarla en poco menos que en nada. ¿Los ERE esos de los que ha hablado medía España y parte de la otra media, los cientos de millones perdidos? Bueno, pues resulta que no era para tanto–hay que reconocer la astucia estratégica del ex-fiscal-consejero Llera que es quien ha movido los hilos de este bululú– ya que, según Penélope, Alaya empapeló sin ton ni son a todo el que pidió una ayuda socio laboral o directa en el primer decenio de este siglo, por lo que les llama “víctimas”. El augurio más pesimista se hace realidad: todo este saqueo –pasado el mal trago del plenario en que comparacerán hasta dos presidentes y la tira de consejeros– quedará en agua de borrajas.

Sol y sombra

Esta dicho y repetido que la sanidad pública de la Junta es un buen sistema con graves defectos. Un caso: se informa de que sólo en el sevillano hospital Virgen del Rocío se han llevado a cabo más de cien implantes de riñón, tanto en adultos como en niños, en el primer trimestre de este año. Frente a este otro: un ciudadano (un sacerdote por más señas) sufre una crisis aguda en plena calle y, una vez superado el intrincado filtraje telefónico, es recogido por una ambulancia que lo traslada a ese mismo centro. ¿Y saben cuánto debió esperar en su escalofriante sala de Urgencias para ser recibido, al fin, por un “residente”? Pues ¡7 horas 7! Lo dicho, un buen sistema pero con graves, gravísimos, fallos. Si eso pasa en la capital de la región, calculen lo que puede ocurrir por esos pueblos y aldeas de Dios.

“Nostra culpa”

De la dudosa imagen –“simpáticos”, “grasiosos”, pero vagos y trapaceros—no hay que buscar la culpa fuera de casa: es, en gran medida, de ciertos andaluces. Ahí nos tienen manteniendo la mayor tasa de desempleo en España, consintiendo que Kichi de Cádiz, el alcalde antisistema, no rinda las cuentas de su Ayuntamiento o los “illuminati” del sindicato del diputado Cañamero ofreciendo urnas a la sedición catalana, mientras la limpieza del monte está paralizada hace años en una región que soporta los mayores incendios de su historia. Seguramente nunca vivió Andalucía tanto desgobierno en manos de gente tan menuda ni lo pagó a tan alto precio. El descrédito de la autonomía se trasluce sin remedio sin que se vea por ninguna parte un signo de esperanza. No se culpe de ese drama a los de fuera. Con mirar a los de dentro tenemos de sobra.

Por algo será

La EPA del segundo trimestre de este tórrido año de gracia ha resultado espectacular: de hecho, la mayor caída del paro en medio siglo. Cayó la cota simbólica de los 4 millones en España aunque Andalucía se mantenga por encima de su millón. Por algo será. Que el trabajo ya no es “de calidad” no es nuevo, porque la desregulación del mercado laboral la inició con entusiasmo Griñán a las órdenes de González y es, por lo demás, en todo el planeta, algo así como un signo de los tiempos. El toque está en repensar el problema hasta concluir que es lo que mantiene a nuestra autonomía en el subsuelo socioeconómico. Culpar al Gobierno de la nación es tan ingenuo como ignorar el fracaso del gobiernillo regional de un  “régimen” que lleva trazas de durar, sin éxito, tanto como duró la Dictadura.