Está bien que al Recre hayan de ganarle ya los grandes equipos echando mano a la pistola o que los árbitros se rajen ante quienes tienen fuerza y dinero en la Liga, mientras, como ocurrió el sábado, todo el mundo –toda Huelva en este caso—pueda ver por sus propios ojos la zafiedad del atraco. Lo que ya no está ni bien ni medio bien es la politización del fútbol y, en concreto, la estrategia de dividir deportivamente a la capital y a la provincia a base de identificar al Decano con el Ayuntamiento y al Ayuntamiento con un partido. Si llegara a confirmarse que el sábado hubo en Huelva quien festejó la derrota del Recre en clave electoralista, lo justo sería que la gente –los votantes onubenses–  llegara a ver las caras de los que brindaron con ese champán. Pero en todo caso, ahí está el éxito deportivo conseguido durante estos años por un club al que Ayuntamientos anteriores dejaron en la estacada y que hubiera desaparecido sin no llega a ser por el apoyo que recibió del actual. Brindar porque el Recre pierda es una miseria, incluso si muchos de esos brindadores son forasteros en la ciudad.

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