No hay modo de evitar la evidencia de que el auge del trasnfuguismo sólo es posible, especialmente en Andalucía, por el apoyo interesado del “régimen” impuesto por el PSOE. El caso de Huelva, que ayer resumía con brillantez en estas páginas Manuel Becerro, es definitivo: uno de cada cinco Ayuntamientos afectados por el transfuguismo, diecisiete municipios afectados, todos menos uno en beneficio del PSOE. Una democracia tan poco participativa, que convoca cada cinco años y manda volver a casa al elector durante otros cinco, no podrá sobrevivir a la larga si se mantiene esta estrategia de trampear la voluntad colectiva expresada en las urnas sustituyéndola por retorcidos y, por supuesto, bien pagados acuerdos muñidos por los filibusteros en sus despachos. Ver que un pueblo gobierna quien no fue votado o ver al votado en la oposición constituye un escándalo que declara la perversión intrínseca de la partitocracia. El caso de Huelva es, en realidad, una emergencia para un sistema representativo definitivamente falseado.

1 Comentario

  1. La mercantilización de la política municipal, las claúsulas de rescisión ideológica, el dumping partidista… Algún día esto terminará reventando por algún sitio, y pienso sinceramente que a la mayor parte de la clase dirigente onubense la mierda le terminará llegando hasta el cuello. Si no ha pasado hasta ahora es porque, de momento, el Imperio aquí sí paga religiosamente a los traidores. Cuando la más leonina de las condiciones de este contrato antidemocrático se incumpla, no tendrán donde esconderse. Para eso se llama al señor notario, ¿verdad? Un abrazo grande y un agradecimiento sincero por la cita.

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