La Junta nunca ha confiado mucho en los funcionarios. Los contratados son siempre material más flexible, más acomodaticio, y si no lo son ahí tienen la puerta. La actual presidenta Díaz, cercada cada día más por los escándalos a los que es no es ajena, se ha visto entre la espada y la pared con este último de los cursos de formación y por ello ha jurado por sus mengues que los que hayan patinado lo van a pagar caro, eso sí, disponiendo al mismo tiempo que el Parlamento no meta la nariz en el negocio y que la revisión de expedientes corra a cargo de una partida de interinos contratados para tal fin. ¿Hay o no hay razones para que los funcionarios estén que trinan? Ellos sabrán pero Díaz sabe también que un funcionario estable es menos de fiar que un trabajador pendiente de un hilo.

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