Siempre viviremos pendientes del pulso perenne que mantienen impertérritos el hombre y la Madre Naturaleza. Para aquel se trata,

por lo general, de defenderse de sus trampas o de arrancarle alguna ventaja, en uno y otro caso sobrepasando las leyes naturales, esto es, el código espontáneo que lo real plantea al individuo. Me entero de un caso estupendo de esta especie que pone de relieve hasta qué punto esa tensión se mantiene enérgica en todos los tiempos, pues se trata de una epidemia agrícola aparecida en la India que ha dado al traste durante un  tiempo con el importante subsector que produce la papaya, plaga debida a la presencia de un diminuto insecto, inferior en tamaño al ojo de una aguja, el “Paracoccus marginatus” que, procedente de América central acabó causando pérdidas que un medio francés bien informado calcula en 180 millones de euros, es decir, nada menos que en 15.000 millones de rupias, una fortuna para aquellos modestos agricultores. Y bien, lejos de rendirse a la invasión, los sabios han echado mano de un  recurso decimonónico –sí, sí, ya usado en el siglo XIX–, consistente en diseminar por los predios sembrados unas avispas aún más ínfimas que, sin embargo, al parasitar a los insectos invasores y depositar en ellos sus huevos provocarán la ruina del invasor devorado por las futuras larvas. No es preciso siempre, como puede verse, recurrir al veneno mortífero que altera el medio ambiente y lo daña sin remedio, al menos mientras haya en el repertorio ingenios de probada eficacia. En toda la India del sur, los agricultores suristanes han recuperado su medio de vida animando de nuevo las plantaciones dañadas sin necesidad de herir el medio común.

 

Cada vez es más frecuente el uso de estos agentes neutralizadores que libran al agricultor de las plagas que le quitan el sueño a base de implantar otra plaga letal para los invasores pero carente de efectos nocivos. Esa Madre sigue siendo incontrolable cuando se desmelena en catástrofes pero resulta vencida también en muchas ocasiones por la astucia y el saber humanos que bien conoce el principio homeopático que aconseja defenderse de un mal usando otro. Nuestros nietos no conocen ya el espectáculo estomagante del gusano en la manzana pero tampoco saben lo que nos cuesta esa integridad en términos medioambientales. En India acaban de demostrar que nuestros abuelos ya sabían cómo evitar ese daño.

7 Comentarios

  1. El Anfi recordará, junto con gente de nuestra edad, cuando Almería y Huelva eran los cul-de-sac, no solo de España, sino también de Andalucía. Vasto Andévalo de jaras y sierra de María para spaghetti-westwerns.

    Hoy Huelva cría en sus campos naranjas y fresones. Almería cultiva “de tó lo bueno. Y Málaga y Granada tienen su costa tropical de aguacates, chirimoyas y demás.

    Pues en Málaga hay una empresa que (literal):

    Descripción corta</b/
    Producimos grandes cantidades de insectos para control de plagas agrícolas, así como polinizadores como el abejorro.

    Descripción larga
    Dentro del marco europeo, la Producción Integrada se está afianzando como un buen método para manejar plagas. Este método consiste in usar determinados insectos para controlar plagas agrícolas como son Bemisia tabaci, Trips, ácaros, Tetranychus sp, etc.

    Nihil novum sub sole.

  2. Es bien sabido el progreso de este recurso pero el referido por jagm tiene la curiosa condición de ser decimonónico, que ya es ser. De trodas dformas en este negocio del “verdismo” hay mucho camelo y el anfi lo sabe por razones familiares que me constan.

  3. La Ciencia a vece camina a saltos y deja atrás hallazgos útiles. Este es un caso evidente. ¿¡El siglo XIX válido a estas alturas? Pues ya lo ven.

  4. Eso se llama enfrentar a los contrarios para aprovecharse de la derrota del que nos estorba, un viejo procedimiento conocido incluso por los antiguos que da los resultados que se comentan. En los aeropuertos se crían halcones para espantar a los pájaros en defensa de los aviones. Nuestra medicina está llena de ese tipo de recursos también. Es sabio por parte del hombre dejar “que se peleen ellos”, entendiendo por ellos a todos los que no le convienen a sus planes.

  5. Otra curiosidad de las que nos trae este hombre observador. ¿De dónde saca tanta noticia, tanto ejemplo, tanto motivo? A mí, me admira.

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