El aceptable ritmo contenido de la pandemia en Andalucía está encontrando eco nacional. Todo indica que la reacción de la Junta ha sido bastante adecuada y, por contraste, subraya la inadecuación patente de la política sanitaria del Gobierno. Desde luego no cabe atribuir nuestra más que relativa ventaja a esa política central dada la inexplicable tardanza de los medios reclamados y prometidos que, ante la desesperación de los profesionales en riesgo, siguen sin llegar. Cómo será la cosa que el responsable del control epidemiológico ha atribuido nuestra mejor situación a la “dispersión” de la población andaluza (¡), demostrando que su llamativo despiste no se limita al ámbito de la virología. Otra vez la autonomía tiene que vérselas a cara de perro con las grandes dificultades ante la incapacidad de un centralismo que parece que no aprenderá nunca.

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