Comento con el crítico de arte José Antonio Chacón el imparable avance que lleva en el mercado la obra de Andy Warhol (cuyos retratos e iconos pop regala este periódico  a partir del domingo) respecto a la de Pablo Picasso, a la que está, por lo visto, a punto de alcanzar en las subastas, y Chacón me recuerda la frase lapidaria que el propio Warhol dejó lista para le mármol de la memoria: “Tras al arte vendrá el mercado”. En Christie’s se adjudicaba el otro día una de sus maravillas, titulada “Green Car Crash”, en más de 53 millones de euros, cifra mareante queda una idea de la extrema volatilidad del valor artístico en estos tiempos del cólera en que, según me cuenta un amigo que anda por las Venecias de Paul Morand, se expone en las salas del Arsenale de un Cristo colgado de un caza americano  -vieja “performance” del provocador argentino León Ferrari que viene echando mano de ella desde 1965– bajo el sugestivo título de “La civilización occidental y cristiana”. Pueden admirarse en esa “mostra” famosa, aparte del Cristo en cuestión, otros hallazgos fenomenales, desde el niño que juega al fútbol con una calavera en Beirut, obra de Paolo Canevari, a una maqueta del atentado a las Torres Gemelas o a un avión en movimiento continuo, sin contar con los vídeos sobre “percepción de la muerte” debidos al genio del chino Yang Zhen Zhong o a los murales confeccionados con chapas de botellas de vino que ha conseguido instalar para deleite de un público ávido de novedades cierto ganés desconocido. Mi amigo (el de Venecia) protesta de la contaminación  progresiva del propio centro clásico de la ciudad en cuyo Gran Canal luce en este momento un colosal cocodrilo rosa contrastando con la filigrana blanca y rosa de la vieja piedra gótica que admiraron los siglos. Olvídense de la obra de arte, no le den más vueltas, y abran su estimativa a esa “performance” que hace subir como la espuma las posturas subasteras. El pobre Tristán Tzara y los locos vieneses del “Cabaret Voltaire” no sabían –¡hace un siglo mal contado!– que la profecía mercadista de Warhol era ya una realidad cuando Hitler era todavía cabo.
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En eso de la ‘performance’ hay sitio para todo. Yo he visto a un tío empapelar impunemente un puente sobre el Sena y he leído que un tal Cosimo Cavallaro llegó a pintar un hotel con mozarella –con gran éxito de público y prensa- antes de fabricar su “My sweet Lord”, su famoso Cristo de chocolate suspendido del techo (90 kilos cabales), cuya exhibición se vio obligada a cancelar una famosa galería de Nueva York. Como he visto, más recientemente, un Cristo onanista en un catálogo financiado por la Junta de Extremadura, o una representación de Cristo y la Virgen en una sartén junto a una serie de animales insertos sobre escenas religiosas, a cargo, en esta ocasión, de la muy conservadora Generalitat valenciana y obra, por cierto, del mismo Ferrari que estos días trata de escandalizar, como tantas veces, en la Bienal veneciana. En Sevilla dio el cante su ‘bienalita’ con la muestra de un adolescente ahorcado que, francamente, a muchos no nos había parecido digno de ser tenido demasiado en cuenta hasta que nos hemos enterado de la irresistible ascensión de Warhol en ese Mercado que él conocía tan bien. Un hijo de Mitterand que se gana la vida como marchante, y también habitual de la ‘Mostra’ italiana, no ha sabido que contestarle a mi amigo cuando éste le ha preguntado con las del beri cuántos de estos cristos y cocodrilos perdurarán dentro de un par de siglos como desde hace muchos más perduran Giottos, Tizianos o Leonardos. Normal, incluso en un marchante. El negocio del arte no tiene por qué filosofar con sus buidas motivaciones. Muchos pintores mueren tiesos pero pocos traficantes. Al paso que lleva la que Ortega llamó “la deshumanización del arte”, la verdad es que tampoco hay que ser un lince para entender la profecía de Warhol.

20 Comentarios

  1. Pepe Griyo
    15:09
    ¡Y la mía!, querida Esther.

    Les recomiendo, a quien pase por Madrid, que se den una vuelta por el Museo de la Ciudad, admiren una exposición de nuestro paisano, de algunos, y vean cómo Florencio Aguilera cómo con cuatro manchas y dos trazos plasma una idea o un paisaje. De ahí a los mamarrachos que nos ponen en el Museo de Arte Moderno y otros sin contar ARCO, y que pagamos entre todos va un mundo si no una galaxia.

  2. Aburre la descalificación de los “críticos”, el rechazo de quienes no tragan con la fantástica mentira que es buena parte de la producción artística moderna. No merece la pena contestar a como el insultador de más arriba, pero sí decirle a don Griyo que hay un arte estupendo fuera del figurativo.

  3. ¿Vieron el “REtablo de las Maravillas” que montó Boadella? Si lo vieron no les digo nada, si no lo vieron, hagan lo imposible por verlo: una asistenta encuentra una máquina vieja en una galería de arte y la tira a la basura con el consguiente escándalo de los galeristas que la “consideran” un hallazgo supremo del arte. Dalí, maestro del engaño, hacía maravillas con su clientela devota y al final se descubrió que había cientos de Dalí falsos que hacían a dos manos los mangantes que tenía alrededor cuando ya chocheaba.

  4. Sepa ese señor Sociata que este anfitrión ha pasado muchas horas en museos y enfrascado en la materia. Nunca olvido una visita a uno de ellos en que coincidí con él y tuve la suerte de escuchar sus comentarios. Aparte de que no hay por qué estudiar para comprender que lo muchas veces hacen esos genios no es más que tomarle el pelo a los paletillos con ínfulas. Hay paletillos a manta por ahí. ¡Y en el Mercado!

  5. No sé quien será Esther pero no me entusiasma la idea de contar con otro flagelador resentidillo o lo que sea. Qué pesados son, Dios mío, lo último es que no pueda uno asomarse a una tertulia sin que nos salga al paso (hay pseudónimos, como Sociata, que lo dicen todo) el polemista “ad hominem”.

  6. Maravíllome cuando me planto -mi don Prof sabrá disculpar mi ignorancia- ante unos garabatos o brochazos y un alto discernidor de cuestiones artísticas ve en ellos una reacción obsesiva del espíritu ante el ímpetu arrollador de una pasión aherrojada por la burla cruel del destino, que se desespera y brama contra los cielos clamando su rechazo a tal condena.

    Habían pasado siglos desde que crucé por vez primera el umbral del patio de Monipodio cuando comprobé que no sólo con la habilidad de los dedos en faldriquera ajena o cortando siempre el as en la desencuardenada, se podía burlar a los incautos.

    El tal Pablo el picasso, que aunque malagueño nasció, trazó sus primeros palotes en La Coruña y olvidó su andaluza nascencia para los restos, tenía cualidades y conocimientos para el arte pictórico, pero era de tal pereza que cuando acometió la obra de Pablo en arlequín o de nombre parescido, no concluyó los pies del párvulo ni los de la silla porque le suponía un esfuerzo que dispuesto no estaba a realizar. Sacaba más partido al negocio con los monigotes de narigudos y bisojos que trazaba con dos manchas de carbón y algo de imaginación de la cual no estaba exento.

    En cuanto a lo que llaman hoy perfomangue o algo así, no suele ser las más de las veces sino un cepo para cazar ignaros dejándose llevar de la supuesta maestría de un gurú o gurumelo que escribe en las revistas de arte, diciendo que aquello es obra merecedora de gran admiración y un portento para los sentidos. Hasta una mierda -con perdón por mi mala fabla- ha sido objeto de esa obtusa admiración y pronto algún vivillo enlatará -y venderá como oro- los gases de sus eructos o los del alivio de su intestino grueso. Al tiempo.

  7. Maravíllome yo a mi vez, don Rinconcete, al ver de que manera acelerada liquida vuesa merced todo un arte moderno que, si tiene mucho de camelo, quién lo duda, no cabe la menor, tampoco, de que contiene muchos y elevados méritos. ¿Qué me dice de van Gog, de Cézanne, de Seurat, del propio Dali, antes mencionado, y de tantos otros ingenios que nos han regalado tanta belleza y tanta imaginación? Una cosa es que Dalí, por seguir con el ejemplo, fuera un zumbao listo y otra diferente oilvidarse del gran pintor que fue tantas veces en tantas obras. Ni calvo ni con dos pelucas, mis coblogueros, que en el justo término suele estar la razón.

  8. De acuerdo pleno. El tema es de los que no perdonan. Por eso precisamente me gusta que haya quien lo reitere sin miedo a que le salga un sociatilla cualquiera con sus cuchufletas.

  9. No comprendo esa descalificación sumaria de Picasso, poor ejemplo, que nada tiene que ver con la razón de jagm al plantear le negocio sinvergüenza de las modas artísticas y la bobería colectiva. No hay reglas en este terreno, pero cualquier persona instruida advertirá dónde hay falsificación del arte y donde arte verdadero, al margen de los gustos. El arte no puede ser para todos pero ha sido siempre para una mayoría, desde que se pintaron las “Biblia sde los Pobres” hasta el impresioinismo. Un Tapies, en cambio, o un Munch, son SÓLO pintores para una minoría endogámica de críticos, posturitas, mercaderes y farsantes.

  10. Bienhallados, amigos. Me reincorporo con un tema ya debatido otras veces pero que encanta comprobar que sigue vivo. El día en que muera, e sea aquel en todos acaben tragando con esa gran metira que es un maniquí ahorcado o un Cristo de chocolate, habrán ganado los embusteros y ya nada tendrá remedio.

  11. Gracias, don Griyo, por la referencia a Florencio Aguilera, gran pintor. Y al jefe por su determinación de no “vender barato” su criterio. No le queda duda de que sería mucho más estimado en los círculos “conocedores” si dijera oooooohhhhhhhh!!!! ante esas estupideces.

  12. Yo creo qye cada época tiene “su arte”, que los de las Cavernas gustaban del bisonte de minio como los parisinos del Salon d’Automne estimaron las obras de los que hoy nos gustan a muchos de nosotros. A Velázquez es probable que algunos de los nombrados le pareceieran simples locos, pero sospecho que vería en Picasso lo que evidentemente muchos noven todavía. Ahora bien, hay diferencia entre Picasso y estos escandalosos, como la hay entre Braque y cualquiera de estos performancistas de pacotilla.

  13. 20:22
    No dudo en absoluto del arte ni del genio de Dalí, pero quien vaya al museo de Figueres podrá admirar todo lo que no se pudo vender ni con la firma del artista.

    A Picasso le reconozco su genio, pero solo su genio. Me admiraba su presunción de haber empezado pintando como Rembrandt para acabar pintando como un niño. De acuerdo en el 50%, yo nunca he visto un Picasso que hubiese podido firmar Rembrandt.

  14. Asaz oportuna su recriminación, mi don Pangloss, pues mi natural desaforado me lleva a la exageración y a las tajantes y descabelladas opiniones, poco recapacitadas como comprobado se ha.

    Soy un ferviente admirador del indigente Van Gogh, cuyas reproducciones de los girasoles y de su somera habitación presiden los lugares de mayor permanencia en mi humilde morada. Soy capaz y mucho, de admirar a Cezanne, como a Degas, a mucho Dalí y a bastante Touluse-Lautrecht.

    Pero encuentro monigote de párvulos los enredos de Miró y sólo soy capaz de, en el abstracto, colegir que algo me dice algo. A veces meconformo que no me moleste, cosa que me ocurre también con algunas músicas. Que no solo no me gustan sino que me molestan grandemente.

    Olvidaba añadir que el tal Picasso, mejor o peor pintor, que para gustos hay colores, era sobre todo una mala persona. Basta con echarle un vistazo a alguna biografía no servilona. Que la actual comendadora de curturita, la Egabrense inaudita, se piense que ha llevado a Málaga un joyel de arte es propio de persona, excluido su sexo, que no alcanza mucho con las luces de la inteligencia que la madre Natura le escatimó. Aunque en su beneficio, ella es ignorante de semejante tacañería. Perla del desierto y pasmo de transeuntes.

  15. Estoy un 150 por ciento de acuerdo con mi don Jose Antonio, mi don Grillo y con mi Rinconete Hay mucho timo en esto del arte. Mi hermano, que es un descarado con mucha labia, ganó una apuesta montando una expo con sus calconcillos , algunos manchados, los más artiísticos, en una galería muy “comme il faut”, y la cosa tuvo bastante éxito y hasta los honores de la prensa.
    En cuanto a Picasso, el mismo decía de algunas de sus obras que eran porquerías.
    Pero me encanta Dalí. Qué diferencia entre él y Picasso. Hasta cuando deforma y te toma el pelo lo hace de manera refinada y elegante (Los relojes que se derriten o los elefantes con patas de araña) Me encanta su humor.

  16. Extaña cosa (perdonen la diferencia horaria que nos separa) que un prestre jubilata esté más por Picasso que estas mentes que imagino más jóvenes y preparadas para la moderna existencia. Raro, raro, sí señor. Para el resto, mi aquiescencia a don ja, cuya pupila artñistica tengo observada hace tiempo.

  17. Yo también me extraño del cerrado rechazo del buen arte moderno que ha ocasionado el comentario. Creo más en su sitio un rechazo como el que hace gm, selectivo, que la negativa y el cierre en banda. Mi padre decía siempre que el mejor argumento contra ese arte malo es que cualquiera lo hace. Sigo pensando lo mismo (por ejemplo, a la vista de algunas genialidades de Tapies), que no comprendo cómo no se distinguen del arte verdadero.

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