Si la campaña ha sido como para decepcionar al más entero, la resaca post-electoral, con sus trajines incesantes de pactos y arreglos bajo la mesa, no está contribuyendo, sino todo lo contrario, a serenar el ánimo del honrado ciudadano que, con su abstención creciente, demuestra su progresiva desconfianza de la clase política. ¿Y cómo podría ser de otra manera mientras el votante del PA, de IU o del PP vea que su voto acaba a los tres días en la alforja del adversario por razones y motivos que sólo conocen cuatro mandamases? Esta democracia cuatrienal, que adula a la muchedumbre ante los comicios y la olvida durante el gobierno, tiene cada día más agujeros en su precario casco. Lo que le faltaba es esta legítima pero descarada lógica del cambalache que utiliza los votos, a lo peor, a favor de quien menos querría el votante. 

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