Ése, ¡arriba el campo!, fue, tras la Guerra Civil, una de las consignas de la antigua dictadura. Pero el campo no se levantó de su postración ni cuando tenía casi un treinta por ciento de la población activa ni ahora, cuando malvive desertizado y sostenido a duras penas por algunos sectores puestos al día. La “reforma agraria” del otro “régimen” fracasó en los años 80 por su propia sinrazón, y la famosa PAC de la UE que manejan los manguitos de Bruselas amenaza ahora con rematarlo con un proceso de convergencia letal para su conjunto. Quizá por ello se han dado la mano las asociaciones de todos los colores –desde ASAJA a la UPA pasando por la COAG—frente a la presión comunitaria y al abandono del ministro del ramo. El campo siempre fue el hermano pobre y pretenden que lo siga siendo.

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