El Ayuntamiento valverdeño atraviesa una crisis aguda. Primero, el alcalde Cejudo echó por las bravas a su heredero Domínguez, hoy mimado por el “aparato” en la Dipu, dejando el consistorio en manos del supertránsfuga Donarie, al que se le pagaba la destrucción de IU. Luego dimitió le quizá más cuestionado y bienpagado Macías, quien no renunció a dejar claro en el Pleno que se iba porque Cejudo lo maltrataba. Y ahora, en fin, el defenestrado Domínguez maniobra hasta hacerse de nuevo con el timón de ese barco en el que evidentemente el alcalde manda mucho menos que el partido de la capital. Entre el partido y la institución, el partido siempre. La política es un negocio que conviene llevar con mano de hierro.

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