Eso es lo que dice la publicidad del “complejo Mirador”, el proyecto del marido de la candidata, inevitablemente aireado tras las acusaciones de corrupción lanzadas por ésta al propio alcalde: “Aquí su negocio”. Lo que no se comprende es quién aconseja a esta política bisoña que tire piedras sin tino teniendo tan cerca y frágil el propio tejado, aunque no hay más que pegar la oreja para percibir claro el rumor de desaprobación que circula dentro del propio PSOE. Demasiados indicios apuntan a que esa candidatura lo va a tener más bien crudo y de sobra saben los interesados que así será, en buena medida, por la colaboración de sus propios conmilitones descontentos, sin despreciar el efecto negativo que entre los votantes más informados y conscientes están provocando estos disparates. En cualquier caso, no hay duda posible de que Parralo es una de las personas menos indicadas para entrar a saco en el urbanismo onubense en el que este negocio de su esposo no es el primero ni será el último que salga a relucir. Ella, que acusa de traficante al más pintado, debería ser la última en extrañarse. 

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