A punto de darnos su espléndida “Charla” sobre la ‘gripe A’ (de alguna manera han de llamarla, claro), el profesor Badiola se enteró del caso de nuestros soldados griposos en un cuartel de Madrid. Luego nos explicó que estamos ya, en realidad, ante una pandemia, por más que, gracias a Dios, el comportamiento de la “influencia” esté siendo benigno hasta ahora. Los especialistas, como los Gobiernos, han de aprender a ir por la vida con cara de póquer que, hay que reconocerlo, es lo único sensato que puede hacerse ante una posible catástrofe cuando no cabe hacer otra cosa. Manzoni, en “Los novios”, esa epopeya cursi pero profunda, habla del éxito de la desdramatización oficial, le ceguera voluntaria compartida por el propio pueblo durante la célebre crisis lombarda de 1630, una actitud en la que muchos autores creen ver el anverso del propio miedo del Poder. Y lo mismo sabemos que ocurrió en todas partes durante las tres epidemias aterradoras de los siglos XVI y XVII, en las que España registró 1.250.000 víctimas sobre su exigua población. Casi nada salvo rezar se hacía en la Sevilla que llegó a perder la mitad de su población a mediados de ese último siglo, en el Londres aterrado cuya crónica escribió Daniel Defoe, en la Florencia que Bocaccio vio derrumbarse alucinado, en las numerosas pestes venecianas en las que los médicos asistían a los apestados con máscaras de pájaro. La experiencia histórica de las epidemias es que el Poder mira para otro lado hasta que ya no hay nada que hacer aparte de esperar el milagro, culpando a los pecadores o apuntando contra los animales (cerdos, gallinas, perros, gatos, caballos, y hasta ballenas…) como acaban de hacer en Egipto sacrificando la piara. Aquí no pasa nada o que sea lo que Dios quiera.

 

Vendría bien una actitud serena pero capaz de asumir el riesgo en su dimensión imprevisible. La gripe española (que no fue tal) mató 40 millones de personas, la asiática, 2 millones, la de Hong Kong, 1 millón. La que ahora amenaza al mundo es más benigna, de momento, pero habrá que aguardar a ver qué ocurre en las dos siguientes oleadas convencionales, para enfrentar las cuales, según  la OMS, sólo hay 35 países preparados hoy por hoy. Mientras tanto, tranquilidad a toda costa: la ministra de Sanidad, lega en la materia, se enteró por casualidad –¡encima!– en el Congreso de que su colega de Defensa le estaba ocultando el brote del cuartel madrileño, y la OMS se tienta la ropa antes de pasar a la ‘fase 6’ que define la pandemia en tanto brotan por doquier teorías conspiratorias que van desde el negocio del fármaco hasta la estrategia del terror. Aquí no pasa nada, por ahora, y cuando pase, ya se verá. Estos dramas sirven para comprobar la relatividad del Poder, su limitación radical y su apego a la rutina. Mientras la cosa no pase de aquí, lo suyo es obedecerlo. Eso es algo que ya sabía Tucídides y de lo que ojalá nosotros no lleguemos a  enterarnos.

13 Comentarios

  1. No me pareecn discretas las broimas sobre el «invento» de la gripe A que he leído aquí días atrás entre los comentarios. Las epidemias hoy se controlan mejor, afortunadamente, lo que no elimina el riesgo de que alguna vez nos topemos con una catástrofe.
    Interesante la crítica a la actitud desdramatozadora del Poder que hace la columna. Véase lo de la ministra de Defensa como ejemplo, por más que el muerto se lo carguen a un general o a un comandante, siempre hacia abajo. No sabeos qué puede ocurrir cuando esta gripe debuite en temporada invernal, tampoco qué va a ocurrir en África ahora que se detectan los primeros casos. Seamos serios, por favor. La columna lo procura, desde luego.

  2. Cómo no deleitarse con esta discreta erudición que gasta don ja! Interesante «aviso», sin alarmismo pero sin conmcesiones, sobre un pelirgo que está ahí por muhco que queramos no creerlo. El mundo opulento no quiere dramas ni amenazas, las desvía por el sencillo procedimiento de negarlas, y la columna explca muy bien las razones de esa anbtigua actitud de todo poder y toda instancia de opinión.

  3. La autoridad no solo calla sino que encubre. Lo de las dos ministras es de traca. Al Gobierno le interesa infinitamente más lo suyo que la salud pública. La imbecilidad de Zapatero en el mitin de antesdeayer lo dice todo.

  4. Esas estadísticas que da ja como quien no quiere la cosa son aterradoras, aunque, como bien advierte Galenillo, la sanidad actual es potente. Me interesa mucho neste enfoque objetivo y previsor, que no alarma pero tampoco confía, sino que simplemente informa. Lo que no puede ser es que una ministra de Sanidad no sepa que hay un acuartelamiento en cuarentena pro una pandemia mundial.

  5. Una vez más estamos sumergidos por informaciones diversas y contradictorias. ¿A quién creer?
    También periódicos , radios y televiviones nos pintan todo negro….luego, como en el cuento del lobo, no vemos nada venir y el día en que haya de verdad que tomarse el aviso en serio, nadie se lo creerá.
    Me consolo pensando que antes de que llegue la pandemia a este puebo me habré enterado de que esta va en serio!

    besos a todos.

  6. No descartemos en todo este asunto el suelo que tenemos bajo nuestros propios pies, esto es, internet. Ni en el 18, ni el 57, ni el 68, ni el 76 del pasado siglo, sobre todo las tres primeras, existía más conocimiento casi que el boca a boca y la moderada ponderación de los medios. Hoy, con todo le mundo -y aquí estamos nosotros mismos- echando su cuarto a espadas, no debe ser fácil mover el más mínimo peón en las altas esferas.

    Como muy bien matiza mi Coleguilla, desde ellas siempre va a cargarse el muerto -con perdón por la broma macabra- al inmediato inferior. Sin embargo confío lo suficiente en la profesionalidad del personal sanitario -donde lo haya, lo de África está muy bien puntualizado- como para pensar que la sangre no llegará al río ni un milímetro más de lo justo e imprescindible.

    Entre el encubrimiento y el alarmismo deben existir posiciones muy responsables. Confiemos, aunque solo sea por pura higiene mental.

  7. Confiar, confiar. Es lo que venimos hacveindo desde hace siglos, por la razón de que no nos queda otra. Algo está ocurriendo, me parece, cuando los mecanismos de alertta se suman a los desdramatizadores. En Argentina hay casos y graves, lo que npudiera indicar que por ser la primera que experimenta la gripe en periodo invernal (hemisferio Sur), tal vez sea la vanguardia de una fase nueva. Lo que me escandaliza es que la autoridad, la nacional, la OMS, no dé un resument claor de la realidad epidemiológica. ¿O es que no eciste esa posibilidad? Esperar antes de decretar la «fase 6» de que habla la columna, es razonable pero no lo es ocultar las razones profundas, al menos a la parte de la población en condiciones de entender la explicación de los expertos.

  8. ¿Y si el caso fuera verdad? ¿Y si fuera lo contrario? Lo cierto es que no sabemos: el Poder, que no sabemos tampoco si sabe o no sabe, hace como que sabe y que no hay nada que temer. Pero ¿y si…? Este mundo juega con fuego hace mucho tiempo y alguna vez terminará por quemarse. No creo que sea ésta, lo admito, pero permítanme que pregunte con la mano en el corazón ¿Y por qué saben o dicen ustedes que no…?

  9. Tuve ocasión de escuchar a Badiola en el acto organizado por jagm al que se refiere la columna. Y saqué conclusiones inquietantes: que no se sabe bien nada (salvo la naturaleza del virus), que se ignora sus posibilidades de expansión, que no se sabe tampoco cual será el imapcto de las sucesivas oleadas ni el que puede ejercer la estación fría (hasta ahora no ha habido gripe más que en primevera)… Saqué en conclusión lo mismo que en anteriores ocasiones (vacas, dioxinas, aves), o sea, que los estudiosos actúan un poco a posteriori, víéndolas venir. No puedo decir que salí alarmado pero sí que no me tranquilizó nada ver al experto tan dubitativo.

  10. No tengan miedo. Es que no se han enterado que no afecta más que a los jóvenes y niños, no a los VIEJOS NI VIEJAS???

  11. Hay que comprender la situación en que se halla la autoridad, ante una amenaza cuya gravedad desconoce pero que, objetivamente, puede resultar temible. Es fácil criticar la actitud dedsdramatizadora, como se viene diciendo, pero ya me dirán qué se puede decir si los propios expertos no saben a qué atenerse. Seamos discretos y pidamos a Dios (el de cada cual) que la cosa, en efecto, resulta, una vez más, una falsa alarma.

  12. Ha ocurrido lo mismo que cuando el gobierno retrasó dar la noticia de la crisis, en ese momento estabamos a punto de entrar en recesión, ese es el modus operandis de este gobierno excepto con la particularidad de que con la salud no se juega

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