Cuentan que hubo un utillero de la Selección española de fútbol que, cuando viajaba en competición, llevaba en su equipaje una bandera española y un disco con el himno nacional. En pocos países tendría sentido esa prevención pero en España lo tenía sobrado toda vez que la relación de casos en que, tras un triunfo hispano, se ha escuchado en honor del vencedor un himno ajeno o equivocado parece no tener fin. A Contador mismo, tras ganar el Giro, no le habrá pillado por sorpresa la chapuza italiana de colocarle el himno con la letra de Pemán –en la versión fascista corregida, para más inri—puesto que tenía ya sobre sus espaldas la experiencia de haber escuchado en su honor el himno danés cuando ganó el Tour del 2009, chasco que no era sino uno más en esa larga lista que incluye los ocurridos en Praga o en Canadá, en El Cairo o en Lima, por no hablar del chusco incidente de Melbourne en que un trompetista, no sabemos si espontáneo o preparado, se dejó caer ante la concurrencia indiferente y el equipo desconcertado nada menos que con el Himno de Riego. Llueve sobre mojado, pues, y lo que habría que preguntarle a los responsables oficiales es si ellos se imaginan siquiera la posibilidad de que a la afición francesa le cambiaran la Marsellesa por el “God save the Queen” o qué sucedería en el planeta del béisbol americano si en un estadio extranjero sonara en honor de sus gladiadores la Internacional o ese himno de recuelo que Putin ha hecho con el que fuera de Stalin. Una burocracia tan nutrida como la que en España mantiene el deporte no debería depender de un utillero sino responder de sus fallos que, a estas alturas, carece de sentido continuar conceptuando como incidencias intrascendentes. Estas cosas sólo nos ocurren a nosotros, por lo que yo sé, y por eso mismo deberían ser objeto de una severa consideración por parte de esta enervada autoridad.

Pero ¿y la diplomacia, para qué está el “servicio exterior” de una nación sino para preservar su imagen y evitar que se la tome a chacota? Una cosa es que hayamos perdido peso por ahí fuera y otra que nuestros representes en el extranjero ni siquiera se preocupen de prevenir estos chascos absurdos por el procedimiento elemental de interesar de las organizaciones deportivas el debido respeto y, en su caso, por proporcionarles el material del que, al parecer, carecen. O sea, que no se les pide más que a aquel utillero que un día decidió, con tan buen criterio, pechar por su cuenta con la dignidad nacional. ¿Se figuran a los franceses, ya digo, escuchando atónitos un himno ajeno en honor de un campeón propio? Nosotros, por desgracia, hace años que tenemos el cuerpo hecho a esos elocuentes desdenes.

10 Comentarios

  1. Disculpe, pero no es utillero sino utilero. Todos los periodistas comenten este error. No lo entiendo.

    Saludos.

  2. Muy constructiva la aportación de doña Leticia. ¿Dirá lo mismo de los señores académicos de la RAE que admiten en el Diccionario todo lo que le echen? Casi todos los acedémicos cometen ese mismo erro. Yo tampoco lo entiendo.
    En lo que se refiere al fondo de la columna, supomgo que el acuerdo debe de ser mayor porque esta pitorreo con el himno es de lo más absurdo.

  3. Estoy comforme con que este pitorreo es consecuencia de una pésima atención diplomática. Ni un solo país europeo permitiría cosa semajante. Porque no es una ves por error, sino muchas por pura despreocupación. ¿Para qué tenemos embajadas agragadurías culturales y demás? También podrían colaborar las burocracias millonarias que viven del deporte español.

  4. Los símbolos tienen su función. Muy de acuerdo en entre franceses, ingleses, americanos o alemanes serían inconcebible un cambiazo de himno.

  5. Por mi como si cantan el chunda chunda los propios deportistas, cosa que ya ocurrió una vez. Nuestros diplomatas están para otra cosa. Tienen un uniforme muy historiado y muy poco que hacer por lo general.

  6. Efectivamente, los diplomáticos están para otra cosa. No se puede enternder que un diplomático, con lo pocos que son, pueda dedicarse a esos menesteres. Tienen que traducir los peruiódicos del país a texto cifrado. Y hacer guardias.

  7. Me ha acoquinado un poquitín el rapapolvo suave de doña Leticia (si es que, en verdad, en una dama…) porque, como bien se ha dicho, aquí en este país ya es norma todo lo que es uso, y si no que le pregunten a la RAE por qué ha admitido “guay”. Sobre el fondo del art. sólo nostrar mi acuerdo. No sé por qué los deportistas son tan patrióticos cuando los seleccionan pero es verdad que están en su derecho como lo están los públicos. Por cierto, ¿alguien me puede explicare por qué en muchos estadios los hinchas entonan la Marsellesa para animar a sus equipos?

  8. Me parece a mí que aquí no se respeta el himno ni la bandera porque no somos unan nacíón integrada a fondo, que haya superado el tribalismo de manera eficaz y definitiva, y que vea en esos símbolos de la unidad algo a defender pro todos. Hay países, como los nombrados antes, a los que se llama “chovinistas” por algo tan sencillo como denfeder lo suyo. Aquí, aparte del equipo de fútbol o el torero admirado, interesa poco lo que cae fuera del círculo estrecho de la intimidad. El patriotismo exige generosidad y aquí, de eso, poco.

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