El “Gobierno del cambio”, que ha demostrado sensatez y buen criterio durante la larga reclusión, abre ahora las puertas –no poco a ciegas a causa del caos gubernativo– para que circule la energía imprescindible en una sociedad castigada al máximo. Habrá que extremar la prudencia (y la disciplina, por supuesto) confiando en lo mejor, porque resulta evidente que, sin esta opción normalizadora, la reacción socio-económica resultaría imposible. Una apuesta tan arriesgada como asistida de buen sentido, a la poco contribuye el desgobierno nacional, y en la que cabe gran parte de la responsabilidad a una ciudadanía no poco desconcertada por las circunstancias. Que Dios reparta suerte y la reciba con tiento la Andalucía más abrumada de que haya memoria en tiempos de paz.

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