Datos de organismos especializados aseguran que la Andalucía opulenta que crece sin cesar por encima de lo imaginable sufre, sin embargo, carencias crecientes en amplios sectores de la población. El veraneo habitual, por ejemplo, ha acusado con dureza el impacto del subidón hipotecario (veinte aumentos en lo que va de año) como lo demuestran los datos sobre la retracción de la demanda de destinos lejanos y caros en beneficio de otros próximos y más baratos. Se habla incluso de que la mitad de los veraneantes habituales habrían suspendido este año ese autohomenaje que tal vez comenzaba a concebirse ya como un derecho definitivo. Hay buenos datos, como en el resto de España aunque no tan buenos como los de otras autonomías, en definitiva, pero el beneficio debe de afectar en exclusiva a los estratos altos y mejor colocados económicamente, no a los populares. La realidad acaba siempre corrigiendo al optimismo. Incluso bajo la canícula.

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