Guerra ha estado en una universidad sevillana arengando a los jóvenes –unos jóvenes que no saben hace tiempo quién es Guerra, que ésa es otra—y pidiéndoles el voto para el PSOE. Los jóvenes votan poco, es verdad, pero no resulta difícil explicar esa abulia teniendo en cuenta que uno de cada dos de ellos, más o menos, carece de posibilidad de trabajar y buscarse la vida. E irles con el cuento de que uno (él mismo, Guerra, por supuesto) “no trabaja para sí mismo sino para la Humanidad” y que su vida “siempre ha estado llena de la preocupación por el dolor ajeno” no creo que funcione gran cosa, incluso si no se paran a pensar que lo único evidente es que él, como tantos, llevan toda la vida viviendo de la nómina de alto cargo.

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