Merecería la pena estudiar con atención el efecto profundo que la presencia de la cámara produce en el ser humano, su capacidad para transformarlo en un momento y hacer de una vecindona una discreta o de un sabio un idiota. Cualquier cámara, incluidas las domésticas. En una localidad británica, Shropshire, un ciudadano de mediana edad, Kevin Withrick, se ha descerrajado un tiro ante su “webcam” como empeñado en exponer larrianamente su desdén por la vida ante un auditorio aterrado, hecho que parece sugerir que la presencia de la cámara trastorna al observado hasta el extremo de sacrificarle su propia entidad. Ante la cámara, como ante el espejo (recuérdense las espléndidas reflexiones que hizo Baltrusaitis sobre el tema), el ser humano reacciona presa de una turbación narcisista que quizá saque a la luz una escondida pulsión exhibitoria pero que también concierne a cierta ilusión testimonial que lo hace crecer ante la mirada del otro, aunque sea imaginaria. La modosidad de los contertulios de ZP en la tele, por ejemplo, esas muecas que eran a un tiempo estrategia de disimulo y ejercicio de sugestión, no resultan comprensibles, como la acción del suicida Withrick, si no es en función de la mirada ajena que cada protagonista tiene en la cabeza y presiente que le vigila. Al margen de si su suicidio fue wertheriano u obedeció a causas menos románticas, siempre he creído que Larra no se miraba (sólo) a sí mismo mientras montaba el revólver y apretaba el gatillo, sino que se hacía contemplar imaginariamente por un público que era su último y definitivo referente, es decir, que no buscaba su propia mirada devuelta por el azogue sino la mirada ajena que él sabía agazapada esperando el momento de dar el salto. El suicidio genuino suele ser silencioso y reservado, como los de Belmonte o don Manuel Halcón, y ni siquiera a esos protagonistas debió escapar la evidencia de que evitar el grave espectáculo que inevitablemente provoca la acción suicida resulta casi imposible. Pero a diferencia del espejo, la cámara implica una relación con el prójimo que tiene más de teatralidad que de rito. En cierto modo, quizá pocas cosas definan mejor el cambio psíquico de nuestro tiempo que este éxito de la cámara frente al espejo, es decir, esta publificación de la intimidad impensable fuera de la sociedad mediática.

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En la tele los comportamientos difícilmente son espontáneos, por ejemplo, y hay que entenderlo, porque un ‘medio’ con capacidad para famosear a un ciudadano por el mero hecho de preguntarle a un político el precio de un café, no cabe duda de que ha de “mediatizar” los comportamientos. Que ante una lista de cien portugueses famosos en su historia, casi la mitad de nuestros vecinos se hayan pronunciado a favor del dictador Salazar, cuya memoria venía siendo arrastrada por una alborozada mayoría hasta no hace tanto tiempo, ha de interpretarse necesariamente como el resultado de un gesto de afirmación política y no sólo como consecuencia de una libre elección que hasta ayer recaía fatalmente en Camoes o en don Sebastián, “O Príncipe perfeito”, en el rey fundador don Afonso Henriques o acaso en la figura humanísima y nimbada de prestigio del poeta Pessoa. Lo que demuestra, de paso, que el poder influenciador de la cámara ni siquiera precisa de su presencia sino que se basta y sobra con su propio concepto. Los sociólogos valoran el riesgo de ficción deliberada o inconsciente del entrevistado en un sondeo, como saben que la opinión de un mismo sujeto varía si es entrevistado por teléfono o cara a cara, en una encuesta anónima o en un cualititativo realizado ‘vis à vis’. El suicida de la webcam y el público de ZP tienen en común, y no sólo a nivel subliminal, más de lo que parece. El Gran Hermano mira no ya a través de su ojo ubicuo sino con los que esa celada debilidad ha instalado en la conciencia colectiva.

10 Comentarios

  1. Hoy se le entiende de maravilla al Anfi. Gracias sean dadas al cielo porque además de la propia vejez, yo iba tomando demasiada conciencia de mi hiperenciclópedica ignorancia. Y eso duele…

    No sólo compro EM del domingo sino también el paquetito del Nodo. Los libros de trasaño son aprovechables casi del todo. Los pago gustosa. En el capítulo televisorero se ha entremetido algún día la frase esa del ‘informar, formar y entretener’ de aquella VHF monocolor en todos los sentidos, pero que tenía un ‘Aula tv’ y cosas así. Salvo el ‘That english’ con todos mis reparos, no recuerdo que en la tele de hogaño haya casi nada de esos rodales. Las públicas -qué bien viene aquí lo de mujer pública, léase las cuatro letras- de hoy con nues-tro-di-ne-ri-to nos meten bazofia por un tubo. Bazofia averiada y sectaria, por demás. Las privadas, con su pan se lo coman.

    Si digo que veo menos de dos horas de tele al día podrán llamarme ‘Sor Posturita’. Po fale, pos m’alegro. Pero aún así me siento estafada y expoliada, que luego en mayo hay que dar el pechazo con el IRPF. Nos ha merengao.

  2. Interesante. No sólo se le entiende sino que le sale la vena sociológica, que es uno de sus mejores recursos. Todos contentos.

  3. Otra vez más la posturita conocida del intelectual “contra” la tele, qué listos que son estos hombres, qué tontos que somos los demás que nos dejamos comer el coco por una cámara…

  4. Vigile su atención, maestro, o vigile a sus correctores, porque le han desgraciado el título del Belmonte, no sé si lo ha visto usted.
    En la columna de acuerdo pleno. La comparación cámara//espejo, preciosa e interesante. ¿Podría enviarme (a mi e-mail) el título de Baltrusaitis, otras veces ya citado? Se lo agradecería.

  5. Impresionante la imagen del suicida y curioso (yo no lo conocía) el suicidio de Halcón, gran señorito, gran escritor. Más interesante aún sus conclusiones sobre el poder “condicionante/determinante” de la cámara sobre la atención del sujeto. No hay más que ver la tele para darle a usted la razón.

  6. Don gm, lo están poniendo a usted a caldo en la prensa polanquista de Huelva, con motivo de lo que ya puede suponer, ese escándalo del “mobbing”. No les haga no caso a esos rateros. Pronto no nos acordaremos siquiera de ninguno de ellos. ¿Acaso se acuerda alguien hoy de un tal Pablo Recio, un tal Salinas, un tal Rejón…?

  7. Me cogen (en español, no en argentino, listos) un poco pachica, no decís así? pero no quiero dejar de acusar recibo de la pulla que ayer me colocaba uno de ustedes. “Volveré y seré millones”, como Evita. No hace falta que nadie me estimule para volar junto a nuestro don josian.

  8. Curiosa reflexión, correcta y brillante en el ejemplo del terrible suicidio. Algo debe teenr que ver con los suicidios rituales de Internet las famosas “webcams”, desde luego. En USA se anuncia una intervención decidida del Estado en Internet. De los males de la tv no dicen nada aún los políticos, demasiado dependientes de ella.

  9. 23:28
    Sobre el cafelito que no cesa, voy a romper una lanza a favor de ZP.
    Ayer mismo, en un bareto del Valle del Jerte, me tomé uno por los ochenta centimitos que nos contaba el jefe de todos los españoles.

    El gran problema del los políticos, creo que de todos, es que olvidan su derecho a no saberlo todo, y cuando no saben algo se lo inventan. La tontería del otro día no fue dar un precio insólito para Madrid o Barcelona sino inventárselo.

    Sobre el suicidio escenificado me vienen a la memoria el del pobre Ramón San Pedro, y más lejano, el estúpido del japonés Yukio Mishima (me ha costado recordar el nombre) que se hizo el hara-kiri en público.

  10. Tampoco ya sabía que don Manuel Halcón se hubiera suicidado y la noticia me ha sorprendido mucho porque no me lo imaginaba haciendo algo tan trágico e irreparable, él tan atento a los otros y tan cortés.
    Mi primo se suicidó con diecisiete años, pegándose una tiro en la cabeza y mirándose en un espejo.
    Espejo y cámara nos permiten la distanciación o al revés nos colocan en el centro, como si el universo girara alrededor nuestro? Creo que la tele es manipuladora y deformante ya de por sí.

    La columna de hoy perfecta y fácil hasta para mí.

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