Acaso sea voluntarismo, pero uno tiene esperanzas de que el año entrante, con su equívoca carga numerológica, marque el fin del principio y abra el principio del final, con permiso de los republicanos yanquis y de los burócratas de Bruselas. En cuanto a Andalucía, poco cabe esperar: Griñán, sostenido en vilo por IU, mantendrá su política de acoso al Gobierno de la nación, entretenido mientras tanto con sus planes vacíos pero rellenos de tópicos tales como la apuesta por el empleo y el empeño en mantener el bienestar perdido. Y eso nos puede perjudicar más que otra cosa, porque la crisis nos afecta a todos, por encimas de las taifas y los partidismos, y de ella salimos todos o no sale nadie. Un año incierto sucede a otro de obligado suplicio.

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