La vanguardia europea ha creído conveniente dedicar su atención a la creatividad y a la innovación antes que a la pobreza, a la lucha contra la cual la UE ha decidido, finalmente, dedicar este gélido 2010 que acaba de comenzar. Nuestros bienpagados prohombres hacen ahora como que se han caído del guindo tras descubrir que en la Europa unida (imagínense en el resto) malviven ya, en números redondos, nada menos que 80 millones de pobres, que durante un año al menos serán invitados a no contemplar de manera pasiva su drama sino a intervenir activamente en el esfuerzo comunitario. Los datos son abrumadores –un 20 por ciento de la población en situación de máxima estrechez, otro 20 sin trabajo, entre un tres y un cuatro por ciento en condiciones críticas, uno de cada cinco hogares afectados por la plaga y uno de cada cuatro niños perdidos en la miseria…—pero las medidas de este Año Europeo de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social no pasarán, como era de esperar, de estupendas ocurrencias tales como la de dar la palabra al pobre para que se exprese por sí mismo, romper los estereotipos miserabilistas y abrir un gran debate , faltaría más, sobre la jodida pobreza y su percepción pública. Seguiremos hablando de “pobreza relativa” sin sacar conclusión alguna del seísmo de la crisis ni enterarnos de que un decenio de prosperidad como el que vivimos anteriormente para nada ha reducido la pobreza en el continente. Eso sí, la castigada vejez, la santa infancia o la precita inmigración tendrán derecho durante doce meses a sentarse en las mesas redondas que, con toda probabilidad, ellos preferirían cuadradas. Todo menos cuestionar el Sistema. Él ha hecho los pobres y de él se espera la redención. Con la activa colaboración de los afectados, por supuestos, siempre por detrás de creativos e innovadores.

 

Buenas palabras contra el hambre o la necesidad, eso es todo. La postmodernidad ha sublimado el arte del camuflaje y descubierto que –aunque haya que arrimar 500 millones para paliar el hambre en los 43 millones de europeos inmersos en la “pobreza alimentaria” e incluso desbloquear los excedentes provocados por la PAC—no hay solución mejor que la retórica para combatir esa lacra al fin y al cabo eterna. ¡El año que nos van a dar, Dios mío! De momento, veintisiete programas nacionales acercarán la cámara y el micro a ese diálogo de sordos mientras desde Bruselas se vigila para evitar que la imagen de la pobreza siga superpuesta al cliché más que centenario que popularizaron Zona y Eugenio Sue. ¡Hay que desdramatizar, qué coños! Con la utopía hecha unos zorros no vamos a discutir ahora aquello de que siempre habrá pobres y ricos.

6 Comentarios

  1. Que fue colgado por don Gonzalez-Quevedo

    “EL MUNDO.es” (Andalucía), Sábado 9 de Enero de 2010.

    Memoria y atrición

    José Antonio Gómez Marín

    LA OCURRENCIA del Finacial Times de calificar de torpe la política económica española ha dado pie a una polemiquilla en torno a la palinodia entonada por ZP al reconocer que se equivocó al no prever la crisis. Ya ven cómo se escribe la Historia: un vago reconocimiento de culpa redimiría al pecador legiti-mándolo, de paso, para cargar con los pecados de todo el continente. Sin embargo, lo que esa minerva cometió no fue una simple equivocación, qué va, sino una temeridad de mayor cuantía que no hace aún más que tres años le llevaba, como quien no quiere la cosa, a prometer el pleno empleo y, además, con carácter definitivo. «España está a salvo de la crisis financiera» o «Crear alarmismo injustificado en torno a la economía es lo menos patriótico que conozco», son frases que no reflejan un simple fallo en la perceptiva, sino una toma de partido —y nunca mejor dicho— con todas sus consecuencias. No se libra con un golpe de pecho quien haya dicho, hace sólo dos años, que «la crisis es una falacia, puro catastro-fismo», aparte de tirarse el roneo, ya en diciembre del 2008, de que él había «sido el primero en hablar de una crisis del sistema financiero internacional». ¿Y qué me dicen de alguien que, en plenos distur-bios, hace menos de un año, sugiriera que «lo peor de la crisis ha pasado ya»? Sólo Solbes, el gurú de guardia, ha superado esta antología del cinismo o de la idiocia cuando proclamó, como si el personal no tuviera televisor, aquello de «Nosotros no hemos negado nunca la crisis». Es admirable la lenidad de la culpa política que se quita no más que tocándose la frente con el dedo mojado en la pila. La memoria (que siempre es histórica, a ver si no) es el mejor testigo de cargo contra la atrición, pero la impunidad política se funda en el dinamismo de la realidad, en el vértigo de los trabajos y los días, de manera tal que un improvisado desmentido puede conmover, hasta romperla, la imagen colectiva que un pueblo tenga de un punible. Por eso no hay o apenas existe la contrición en ese ámbito privilegiado en el que se puede trasgredir cuanto apetezca o convenga en la seguridad de que la absolución está siempre en reba-jas. Si desde fuera nos ven torpes no es más que porque lo hemos sido —al menos, mayoritariamente— apoyando una causa que nunca se creyeron ni sus propios profetas y en la que, por cierto, y eso es lo peor, siguen erre que erre aunque hayan cambiado de partitura. «En marzo [del 2009] comenzará a crearse empleo de manera intensa», se dijo, y desde que se dijo hemos perdido 800.000 puestos de traba-jo. Quien no se fíe de la atrición es que no tiene memoria.

  2. Me llama la atención la proliferación de programas televisivos que nos muestran la miseria que se manifiesta en nuestras calles (mendigos, prostitución, barrios marginales…) pero que nuncan entran en el análisis de las causas de lo que sucede. Cuando comencé a ejercer la docencia oficialmente estuve de profesor en un colegio religioso cuyas monjas llevaban una vez al año a las niñas burguesas a visitar a los pobres y a llevarles unos regalitos a sus niños. Clara que eso pasaba durante aquella época orobiosa felizmente superada.

    Fuera del Sistema no hay salvación, como todo el mundo sabe.

  3. ¿Qué sería de los ricos si no hubiera pobres, cómo iban a salvar sus almas los buenos samaritanos sin un pobre a quien dar limosna?

    Con los generosos 500 millones hay 11,63€ para cada pobre, sin contar los gastos de gestión de reparto.

  4. …que por lo menos subirán a unos 2 o 3 euros, entre papeleo, búsqueda de verdaderos pobres, reclamaciones a los falsos pobres, publicidad para que se enteren los pobres y puedan reclamar,sellos, y un largo etc…
    Besos a todos.

  5. La sociedad desigual: don Griyo la resume vía sarcasmo. Pero ahí está la clave. El anfitrión pone el acento en que se trata para los «poderes fácticos» de no tocar el Sistema. Todo muy claro. Incluso el dicho final.

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