Quiere Griñán ahora difundir la idea der que el “decretazo” por el que la Junta se tragará a los contratados de las empresas públicas dejará de ser problema cuando, en el trámite parlamentario, se logre entre todos el consenso que debió buscarse antes y no después de la escandalera. Y la pregunta es por qué lo que el PSOE podría conceder en el Parlamento no lo ofreció a tiempo a los mismos negociadores, evitando llegar al punto al que hemos llegado, tan grave que hasta él da ya su brazo a torcer o, por lo menos, lo aparenta. Hay que ser lila para creer en serio que Griñán cederá de verdad. Lo que hay en juego –el control de la Junta incluso en caso de perderla en las urnas—no se lo va a permitir.

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