No estamos teniendo suerte hasta ahora con nuestras supremas políticas, las que mandan en Madrid. Han venido dando un espectáculo no poco esperpéntico, lo mismo en Cultura que en Fomento, aunque hay que reconocer que nunca del grado lamentable que afecta a la actual titular de Igualdad, esa cosa tan peregrina. Su primera intervención en el Parlamento ha dejado ya en la cuneta, de un revés, a Carmen Calvo y a Magdalena Álvarez, elevando el nivel de ingenuidad terciada de radicalismo de sus antecesoras hasta el punto difícilmente creíble y, desde luego, bochornoso, de ese feminismo sencillamente idiota que es capaz de hablar del Consejo de Ministros… y de Ministras, o de hacer el ridículo saludando con un “miembros y miembras” a sus atónitas señorías. Es una pena que nos represente gente de ese nivel y actitud, pero eso es lo que hay. Después de todo, la culpa no la tienen ellas sino los machos que se las quitan de encima situándolas en ese escaparate.

1 Comentario

  1. Luego nos molesta que en las series de tele españolas, en las pelis y desechos parecidos, la chacha sea andaluza.

    Es más, un tipo que cada vez me cae peor, que de ratón tiene algo, pero que de colorao tiene lo que yo de escultora de bajorrelieves, cuando se quiere ‘hasé er grasioso’, fuerza una pronunciación andalusa, sevillana además, pues en su pueblo se habla muy distinto.

    Como un día me decida a sacarme el carnet de un club de tiro, me compro una pipa y le meto un plomo en el entrecejo a más de cinco. La última bala, que será de plata, será la que me meta en el cielo de la boca.

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