No despega Andalucía, no hay manera de que crezca y reduzca distancias con el resto de una España en cuya cola estadística figura por sistema. Ni siquiera con un crecimiento considerable –un 3’1 por ciento– nuestro PIB logra acercarse a las demás Españas, de cuyas rentas permanece distante cuando no se aleja aún más. Y eso, tras tantos decenios de “régimen”, no quiere decir otra cosa sino que su sistema político no funciona. ¿Por qué un ciudadano andaluz ha de tener una renta muy por debajo de la media nacional? ¿Cómo explicar que otros españoles prosperen mientras nosotros permanecemos inmóviles como el don Tancredo o admitir diferencias tan enormes, e irreductibles al parecer, como las que nos separan de las regiones afortunadas? Ya no cabe margen para la retórica: los profesionales que nos gobiernan no deben seguir confundiendo su chollo con la penuria general.

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