No me gusta que se utilice al Defensor –una eminencia moral sobre tan vasta patulea—para el tironeo entre los partidos. ¿Es que no resulta suficiente esgrimir sus informes y exigirle al poder que reacciones en consecuencia? Del último, por ejemplo, se deduce que las cosas no van bien por la región hasta el punto de que ese prestigioso observador privilegiado califica de “auténtica emergencia social”. La oposición en bloque debería exigir a la Junta que tome en consideración las denuncias un Defensor que no está ahí para decorar la democracia.

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