La “Andalucía imparable” de que habla la propaganda oficial, a punto está de coger el relevo de la Andalucía bandolera que tanto fascinó a los viajeros europeos del XIX. No como sujeto colectivo, por supuesto, sino como consecuencia de la lamentable actuación de algunas de sus personalidades, representación a todas luces inmerecida de un país como otro cualquiera pero históricamente tan propicio al tópico. ¿O es que puede verse de otra forma la situación de tantos personajes de esa vida pública que hoy se encuentran “sub iudice”, investigados cuando no condenados por los jueces para desconcierto de una inmensa mayoría que nunca anduvo tan estupefacta? El recuento es fácil: hay en este momento dos Presidentes de la autonomía “pre-imputados” por el mayor escándalo económico registrado en nuestros anales, a los que acompañan seis consejeros de sus Gobiernos, un puñado de altos cargos, algunos diputados y hasta personal administrativo, por no hablar de los dos grandes sindicatos “concertados” o de la Patronal ni de la tira de alcaldes y concejales que acumulan legajos en los Juzgados, todos por causa de una corrupción generalizada y, al parecer, irremediable que parece ser el fruto más podrido del bipartidismo. ¿Cabe esperar rectitud de conciencia en un pueblo que se ve así degradado por su dirigencia, tanto política como civil, estará en cuestión el propio sistema de libertades o llegará a estarlo por la codicia de un estamento dirigente que, en realidad, es una “clase dentro de una clase” y en el que, al parecer, todos son primos hermanos?

 

La democracia es –se dice—el único sistema capaz de regenerarse a sí mismo al menos mientras el poder judicial mantenga su autonomía y no se vea, como se ve en estos momentos, rehén de los partidos de gobierno. ¿Que Andalucía no es una excepción? Sea, pero igualmente cierto es que pocas veces se halló en manos tan irresponsables. Y lo malo es que ya me dirán cómo podrá regenerarse el cuerpo político (o el social) estando como están en manos de los mismos que los degradan. Ninguna lotería tan útil y necesaria para esta comunidad como una enérgica sanción capaz de devolver a la sociedad siquiera una esperanza de recuperación moral. Si esa sanción no llega, el crak moral estará garantizado y la vida social a un paso del síncope. Ya hay estatuas de bandoleros levantadas en algunos pueblos nuestros como un aciago anuncio de lo que pueda venir.

7 Comentarios

  1. No me resisto a copiar un texto del prof. J. Manuel López de Abiada,:

    Las instituciones académicas españolas han tenido poco en cuenta el fenómeno del bandolerismo en sus dimensiones históricas, literarias, socioeconómicas, políticas y culturales. Afirmación que no resta méritos a las aportaciones de estudiosos de prestigio, entre los que destacan Julio Caro Baroja, Constancio Bernaldo de Quirós, Eric J. Hobsbawm, Joan Reglà o José Antonio Gómez Marín.

    Qué quieren que les diga. Se siente uno orgulloso de los personajes con los que se codea nuestro ínclito Anfi. Si sabrá él de bandoleros… e incluso de santos actuales, a los que calla por respeto a la modestia de los mismos.

  2. Me apetece espetarle que, siendo usted tan conocedor de la corruptela que abunda en Andalucía, no dudé en extrapolarla a todos los estratos sociales en los que la mordida de los dineros ajenos se hace de una forma menos burda.

    Los bandoleros representan la desesperación de las clases bajas a la hora de buscar alimentos y luchar contra la miseria, esta no deja de ser un hecho casi romántico, como se ha reflejado en muchas obras literarias, en las que se entremezclan la tragedia y la picaresca, tan nuestra por cierto.

    Las corruptelas en Andalucía son tan abundantes como en el resto del territorio nacional, incluidos reyes y caciques, porque cuando mete la mano el pobre es fácil darle castigo, pero, cuando la mete el rico los cobardes callan, y es entonces cuando aparecen los bandoleros en los caminos.

  3. Lamento que la columna anterior no tuviera gran eco en estos días desquiciados, porque era espléndida. La de hoy es simplemente verdadera y refleja un estado de cosas que, a pesar de que no le falta alguna razón a don Diego, en Andalucía es extraordinario.
    En cuanto al recordatorio de nuestro anfitrión por parte de ese ensayista, no me ha extrañado. Su vieja teoría del bandolerismo desmontaba, precisamente, esa visión romántica que acaba de mencionarse aquí. Pueden leerla en su libro “Bandolerismo, santidad y otros temas españoles”. En la Red está la revista Triunfo en la que apareció.

  4. Mientras no se encuentre la manera de rescatar lo robado de poco servirán los rasgamientos de vestiduras frente a la corrupción. Imaginen lo que se podría hacer en Andalucía con los dineros de Marbella, los de los ERE, los de Invercaria… Pero a esos no los veremos más. Robar puede que no resulte impune siempre, pero siempre acaba suponiendo un buen negocio para estos malandrines.

  5. Una panda de ganapanes, indigna de representar al pueblo y vivir de él. La cita que hace don Epi es magnífica , ¿dónde la habrá encontrado? y demuestra la talla de nuestro en el fondo humilde anfitrión.

  6. Pesimista absoluta en este asunto: cada vez habrá más corrupción, porque no hemos reaccionado contra ella como hicieron en su día los ingleses, mejor que peor, o los belgas o los propios franceses, Nosotros hemos asumido la corrupción, y más que nada el hecho de que los corruptos que caigan en la trampa legal no devuelvan su dinero.

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