Ahí tienen otro caso, el de la Unión de Empresarias Cordobesas, que en su día habría acordado en pleno –según denuncia, con grabación y todo, la actual presidenta– “inflar” las facturas para quedarse con el beneficio excedente. La facturas falsas se utilizan ya lo mismo para financiar la campaña de un alcade capitalino que para pagar una mariscada feriante de tres concejales de pueblo, y ya lo ven, para agenciar recursos procedentes de la Junta  a asociaciones que cuentan con el escaso control existente y se amparan en la difusión ambiental de las corrupciones. Quienes se empecinaron tanto tiempo en negar la corrupción no son menos culpables que los corruptos.

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