Se percibía en la cara de Griñán la responsabilidad abrumadora a la hora de firmar el decreto de disolución del Parlamento y convocatoria de elecciones. Nada está escrito en las estrellas, pero en los sondeos los ordenadores siguen acumulando la evidencia de que algo profundo ha cambiado en Andalucía hasta el punto de dejar en máximo precario al hasta ahora intratable “régimen” del PSOE. Al fin y al cabo, nada extraño: si en más de 30 años no han sido capaces de sacarnos de la sima y seguimos los últimos de Europa, resulta lógico pensar en un cambio que, encima, está en línea con el panorama nacional. Griñán se ha estrellado en bien poco tiempo y yo le deseo que todos sus posibles males se reduzcan a una derrota para la que sobran razones.

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