Ha muerto Glenn Ford. El hombre que en los años 50 seducía con su mirada de acero y su decidida mandíbula a un gineceo todavía silente. Glenn Ford fue un gran actor sobre cuyos grandes méritos acabó imponiéndose la imagen demediada del “partenaire” de Rita Hayworth, la mujer fatal que lo abofeteaba en ‘Gilda’ (cuentan que le partió un diente en aquella ocasión, pero nunca me lo he creído) y que recibía sus viriles bofetadas en otras epopeyas. Un tío, Glenn Ford, un pedazo de tío capaz de mantenerse claro en la zona de sombra que proyecta la ambigüedad sobre los personajes complejos, esos que nunca sabemos con claridad si son buenos o malos incluso después de caer el telón. Un galán duro, hecho a la medida mental de la época –la postguerra mundial nada menos–, de esos que no le temen a nada salvo acaso al “eterno femenino”. Nunca he aceptado las críticas banales a la violencia contra las mujeres que los guionistas obligaron a representar a Glenn Ford, sencillamente porque esas galletas me parecieron siempre la expresión simbólica de una autoridad “natural” que era asumida sin grandes objeciones en el universo darwiniano de las sociedades tradicionales. Incluso las que él recibía de ‘Gilda’ –la pobre Rita no podría ya distinguirse nunca con claridad de su personaje—entraban en ese lote ideológico en la medida en que mostraban el reverso de la medalla si es que no contribuían eficazmente a relativizar los cargos contra su antagonista. Pero en la sociedad occidental de aquella difícil década, la violencia doméstica apenas era una metáfora de la brutalidad ambiente, una filigrana labrada en la memoria de la hecatombe recién superada, y en consecuencia unas buenas bofetadas encajaban sin problemas en el guión de la vida imaginaria tanto como en el de la real. Porque no vayan a creerse que esto de la ‘violencia de género’ es una novedad, qué va. Muchas de las hembras que suspiraban en el cine contemplando aquel pugilato sublimaban su propio martirio junto a sus deseos de revancha. Glenn Ford era un chulo maravilloso, quiero decir, como la Hayworth era una mujer fatal pero divina. Hoy no se gastan ya machos con esa contundencia icónica, para qué vamos a engañarnos. Entonces, en cambio, estaban a la orden del día, entre otras razones porque acaban de volver del frente.

xxxxx

Me he aburrido repasando en la Red las memorias de aquellas bofetadas inolvidables no sin paladear –lo digo como lo siento—cierto resabio de disgusto ante la dichosa banalidad, sobre todo porque entender las cosas de esa modo implica olvidar la apabullante antología misógina que nuestra cultura ha venido acumulando desde Eurípides a Faulkner y desde Erasmo a Schopenhauer. Si un adicto como Niestzche o un tipo tan fino como Pavese fueron capaces de decir lo que dijeron de la mujer, no tiene sentido extrañarnos de que los guionistas de ocasión incluyeran en sus odiseas sentimentales aquellos solemnes guantazos que han entrado en la historia del cine y en la memoria generacional por la misma puerta grande. Cuentan que, muchos años más tarde, Glenn Ford lloraba desconsolado en Cannes recordando esas vidriosas escenas de ‘Gilda’ sobre la tragedia real de Rita, pero sus públicos siguen apretando los dientes todavía hoy día cuando ven a la mujer del guante negro y la falda calipso que cantaba “Amado mío” arrearle al duro de sus entretelas aquel fenomenal trompazo o bien contemplando al galán engominado cruzarle inmisericorde la cara a la mujer maldita. El arte, como las ideas o como las bofetadas, tienen su tiempo, fuera del cual no se entienden en su confuso perfil anacrónico. Hoy, por ejemplo, el tipo de Glenn Ford hasta podría pasar desapercibido en un ambiente en el que la violencia ha pasado del terreno del símbolo al de la ficción realista. Hace poco he leído que estas exhibiciones actuales constituyen una auténtica escuela de delincuentes. Glenn Ford el duro no llenaría hoy ni el cine del barrio.

32 Comentarios

  1. La violencia no escapa a la ley del tiempo. Así son las cosas. Las bofetadas en cuestión eras asumidas por aquella sociedad –muy exacto lo del darwinismo– como hoy los excesos visuales de una brutalidad que entonces hubiera sido rechazad. Cosa curiosa, teniendo en cuenta que acababan de salir del horror de la guerra (quizá el mayor de la historia humana, y del mito de la “bella violencia”, que aú duraría muchos años) mientras que hoy vivimos una cultura señaladamente pacífica, humanística y todo lo demás.

  2. Me temo que voy a provocar algún que otro regüeldo -Epimorcilla-. Pero “…esas galletas me parecieron siempre la expresión simbólica de una autoridad “natural” que era asumida sin grandes objeciones en el universo darwiniano de las sociedades tradicionales.” Pues allá voy: el macho alfa, el garañón, el preñasirvientas, el que usaba la misma fusta para su alazán que para su señora.

    Tiene toda la razón del mundo este hombre. Pero. Ya está la Epi con sus simplezas. Las que nacimos en esa década prodigiosa, la del gasógeno e Hiroshima, la del verano del 42 y la Perona, la de la Conferencia de Potsdam y Mao proclamando la República Popular China, luego fuimos capaces con veintitantos de hacer nuestro 68 -hubo quien aprendió también el 69, pero ésto es una chocarrería, absuélvame mi don Páter- de mirar de frente al macho y cantarle las cuarenta y hasta las diez de últimas, de asumir el sinsostenismo, la píldora, el trabajo fuera de las labores propias de su sexo, protagonizar los primeros divorcios y levantar enhiesto el dedo corazón ante las arrogancias del falócrata.

    Efectivamente respondimos a alguna “galleta” -ese epíteto tan blandito me ha encocorado un poco, mi don JoseAn, qué quiere que le diga- con una hostia del quince, para que a la próxima se lo pensara dos veces el gallo de corral.

    ¿Qué hemos hecho tan mal para que ahora vuelvan los mozos a tundir a la novieta por una monserga o que el recién casado le hinche los morros a la sumisa porque se niega a hacerle lo que han visto en una triple equis? ¿Cómo fue que se jodió el Perú, Zabalita, cómo es que hemos arado en el mar, cómo es que ha durado tan poco esa civilización que alumbró ya mediado el siglo y que ha muerto antes que él?

  3. Toda dradición simbólica encierra un mensaje de advertencia a futuros viajeros de la existencia humana.

    La misoginia está presente en casi todas las culturas derivadas del judeo-cristianismo. Se acabaron con las diosas por esta “razón”.

    Si la naturaleza nos separa y especializa en el sexo, para mejorar la procreación y alargar la vida de la especie, que en el presente llamamos humana, bajar la guardia y volver lentamente hacia la androginia ¿es una recesión, un avance ó un suicidio colectivo?

  4. Huy, don Moreno, de la tardición judeo-cristiana, y de las dos mil quientas tradiciones invetariadas por los etnógrafos clásicos (los de ahora, por lo que leo, se dedican a investigar la tipología del fandamo y los secretos dela “nouvelle cuisine”). Falocracia, machismo, dominancia sexual hay en todas las especies salvo quizá en ésa a la que pertenece la “mantis amatoria”, y ya ve el resultado. Le haré una confidencia: la mayoría de los críticos del celibato ignoran lo cómodo que es si se le compara –a la larga, claro– con la convivencia intersexual (u homo, como perfieran). Eso sí, la vejez es mala, si lo sabré yo, la amputaicón de la paternidad es con frecuencia triste (doña Epi lo disimula muy bien) y la vida solitraia sólo es un paraíso dentro del mito. Pero, machos sobre hembras…, hombre, eso siempre lo hubo y me temo que lo seguriá habiendo. En fin de cuentas tambián hay mucho “varón domado”, que suele recordar don ja, y no está de mmoda recordarlo siquiera.

  5. He leído varios ar´t´cilos con el mismo tema, la muerte de Ford, y les diré que me quedo con éste, porque es el único, hasta ahora, que ve algo detrás y por debajo de las bofetedas famosas. Mi felecitación, seguiré atento a esta ventana estupenda y amistosa, donde se prodiga la inteligencia, el sentido común y esa cosa tan necesaria que es el humor.
    PD. Qué bien escribe doña Epi. Con el titular del blog forma una pareja poco común en este país de malos escritores.

  6. Me ha encantado la evocación del guante y la falda calipso, me ha puesto los pelos de punta recordar la canción, qué canción (debería interpretarla Luz Casal, a qué sí?), y el comentario profundo que hace gm. Por favor, no trivialicemos ese enfoque serio, compatible con el humor pero no con la banalidad, y sigamos hoy dando nuestras opiniones.
    Nota para J. Moreno: creo que lleva razón ese cura en quien sospecho mayores jerarquías… ¿Me equivoco?

  7. Conocía la interpretación de mi amigo ja y siempre la adopté como propia: la violencia del cine responde a la de la calle. En la postguerra una bofetada era algo normal, que por cierto venía desde muy atrás. Ahora bien, ¿por qué entonces hoy que “to er mundo e gueno” hay más violencia que nunca. Pues –añado poor mi cuenta, aunque sé que ja sostiene lo mismo–, porque hoy HAY MÁS VIOLENCIA QUE NUNCA, es más VISIBLE que nunca en los medios, está MÁS CERCA que nunca en el mensaje colectivo, que no es de todos, sino de unos pocos que manejan las conciencias y las conforman a su oferta. En fín, buena columna. Glenn Ford, “un chilo maravilloso”, qué gran verdad, don josian. Comparado con el resto de la plantilla –los Robert Mitchun, Richard Widmark, John el grande o el de la Asociación del Rifle–, el buen Glenn es, en efecto, una maravilla de la caracteriología de época.

  8. Ayer escuhcé en Punta Umbría al jefe presentar a Martínez Montávez, es decir a un espíriru independiente y angustiado junto a otro partisano y cabreadísimo. ¡Viva la independiencia, no sé cómo expresarle mejor mi sentimiento! Yo no sé si en Huelva y en Sevilla se han dado cuenta de lo que está haciendo el jefe con esa tribuna libre, pero mucho me temo que no para lo bueno y sí para lo malo.

  9. De acuerdo, don gm, pero ¿nom olvidamos que en España, una sociedad reprimida, debería haberse rechazado ese “modelo” americano? ¿Qué pensaba la censura española de las bofetedas? Como hablo en el vacío, porque sé que usted no contesta no sigo, pero le diré que me ha trasladado en la imaginación a mi adoslescencia.

  10. Al sr. Torca.
    Hoy recuerda alguien, creo que Umbral, que quien promovió la movida católico-falangista contra la película ‘Gilda’ fue nada menos que el padre Llanos, luego tótem de la izquierda correcta y de la incorrecta durante muchos años. Y de lo que se quejaban era del medio muslamen que se dejaba entrever doña Rita y del antebrazo descubierto por el largo guant de seda negra, ayyyyyyy! O sea, que lo d el aivolencia importaba menos. Esos curas (no hablo de Llanos) habían visto fusilar y habían sido fusilados hacía nada y menos. ¿Se iban a extrañar de que un macho le largara una hostia a una hembra (por lo demás, tan complicada, casi perversa, “fatal” se decía entonces)? Pues no. Si acaso se escandalizarían porque ella se la devolcviera al pegón.

  11. Oiga, don josé, por qué no le dive al PJ que se lea el periódico que hacen ustedes? ¿Usted ha leído el recuadrito de Erasmo hoy? Pues léalo y dígame si no está para encerrarlo y ponerlo hasta arriba de ansiolíticos. Hágame el favor, encarguen a Belmonte de esos recuadros, todo irá mucho mejor y venderán ustedes todavía más periódicos, proque los lectores podemos ser veleidosos, lo que quieran , pero de tontos no tenemos un pelo. Bueno, uno, sí, y cuarenta, pero no todos.

  12. Glenn llorando por Rita en Cannes, qué bonito, qué maravilla de imagen que muestra el mito al trasluz. Dicen que fue un enamorado perpetuo y silencioso. A mí me hubeira encantado esa pareja en la vida real. Una tiene su corazoncito, qué quierem y el Alí Khan aquel me parecía un playboy de pacotilla.

  13. Pues yo,y que coste que me gusta bastante provocar, digo¿no habrá tanto burro pegando a su compañera porque se ha creido eso de que machos y hembras somos iguales?
    El hombre siempre tendrá más músculos que las mujeres: a guantazo no podemos competir. Eso de que las mujeres éramos unas cositas frágiles y delicadas que había que protejer ¿no sería una sutileza mujeril para que los machos aprendieran a sublimar su violencia ?

  14. No lo creo, doña Marta Sicard, aunque es sofisticada y bruillante su hipótesis. La “idealización” de la mujer (un invento reciente en Occidente: del siglo XIII más o menos) pasaba por sublimar su dependencia del varón: era débil para que hubiera de ser protegida. Recuerde la aventura de Lanzarote del Lago y doña Ginebra. La mujer en la epopeya medieval (que es cuando aparece, salvo el matronado romano) se equipara a la diosa (a la Virgen María, en nuestro contexto) pero sin atribuirle capacidad. No es verdad, como aquí se decía un día de estos, que el Catolicismo no admitió el alma femenina hasta tiempos recientes, pero sí lo es que la infleuncia católica acabó de consolidar ese mito de la mujer débil e ideal, simetida pero triunfante, que ilustra el mosaico trovadoresco. Cuando Ford le pega a Rita ya las cosas han cambiado mucho, pero no nos engañemos: la mujer ha venido cobrando –como todas las hembras, en todas las especies– desde siempre. Lo de ahora es –el proyecto de igualdad– es una novedad histórica rigurosa precisamente en la medida en que es una cinquista laica. Esto es muy largo, pero ahí quedan esas ideas.

  15. ¿Qué dirían las feministas hoy de guiones como aquellos que explica tan lúcidamente jagm? ¿Qué dijeron entonces? Por lo que yo recuerdo, nada. Lo cual confirma lo que dice la columna: que la sociedad, darwinista a tope, heredera psíquica de una guerra desmesurada, aceptaba la violencia como algo “natural”. Ésa es una clave que da el jefe y no hay que echar en saco roto. Lo que caba de decir Senequín confirma que la idea de que era “natural” la violencia está en la base de lo que fue. Y quién sabe si de lo que es…

  16. Vuelvo tras un tiempo, bienhallados. ¿No creen que los actores de entonces eran incomparavbles a los de ahora? Cada época tiene su arqueticpo, lo sé, pero ¿se pueden comparar –no voy a dra nombres– estos con aquellos o quellas con estas? Esperemos que nuestros hijos no escriban en su día en el blog correspondiente algo semejante, porque me produciría mucha perplejidad ver por los suelos lo que hoy me parece tan evidente.

  17. Á mí este género de galán me pareció siempre una simple caricatura del hombre duro, en clave chulesca, incluso proxeneta. Al contrraio de alguien que evocaba antes cierta comparación entre aquellos machos, yo veo un ideal mucho más sereno en tipos como los representados por Gregory Peck o Jemas Steward, que eran duros como pedernal cuando llegaba le caso, pero iban por la vida de hombres estupendos.

  18. No sé por qué me da que hoy circula por el blog mucho mariquita y mucha “repri” con la fecha caducada, como los yogures. Abur.

  19. El cine, como la novela o la pintura, tiene sus temas, según la época en que se realice, se escriba o se coloree. El arte es el reflejo de la realidad que vive su artista, o de los sueños que tengan y también de sus paranoias.

    No es lo mismo una película de los 50 que una de los 70. Como no son iguales Chaplin que Truffaut o Berlanga. No sólo porque las sociedades sean distintas, sino porque la mirada de ellos a “esa sociedad” también es diferente.

    No he entendido nunca el escándalo de la “gran bofetada”, seguramente porque cuándo yo vi la película de “Gilda”, era ya una época bastante diferente. Creo que “el morbo” atraía a muchos espectadores. Sin embargo hay cosas en cine que para mí son muy escandalosas y para otras personas, pasan desapercibidas. Y es que cada persona es un mundo.

  20. A este “zumbao” ¿quién le ha quitado el bozal? En este blog, desde hoy mancillado con su truño, entramos todas sin tener que enseñar la entrepierna ni dar cuenta con quién, ni cómo, ni dónde, ni por qué, nos emparejamos o mantenemos la digna soledad. La que está caducada es tu neurona, tron.

    Ay pordió, pordió, sea usted todo lo bienvenida que ya sabe, mi doña Maríavázquez. Y a ese Cinéfilo le voy a poner un piso y lo que me pida. Carnesmías.

  21. Para que no me quiera nal, doña Epi, le diré que no existiendo, al menos egún mins noticias, esa voz “truño”, es tan graciosa y viene por usted tan galanamente aplicada que merecería existir. ¡Ay, qué facultad maravillosa la de la polisemia ilimitada del lenguaje, horno abierto en que para la creación de voces nuevas no se precisa más que el calor del ingenio! Un abrazo, doña Epi, y al Zumbao ése que limpie el blog tras sacar su “truño”, nosa’merengao.

  22. ¿ve, jefe, por qué le ´comentaba lo del “filtro” de Trevijano? Seguro que hay por ahí “filtros” a porrillo para evitar que Cinéfilos como el que hoy nos “entruña” (gracias por el palabro, simpática Epi) campen por sus respetos. Pero a usted, estoico amigo, resulta que la indiferencia lo honra más si cabe. Dejémoslos que ladren (o que gruñan) y sugamos cabalgando en paz.

  23. El jefe, siempre tan historicista y atento a la condición temporal de los fenómenos sociales, nos devuelve la memoria de un tiempo negro que él suele interpretar con rigor. En efecto, creo que la violencia es cosa de la época, que lo era entonces y lo es ahora, y no entiendo bien por qué se extraña algyien por ahí arriba de que ahora prospere esa enfermedad a pesar de tantos remedios morales como lleva en el zurrón el criterio público. El señor Zumbao, por ejemplo, mente elemental y probablemente obsesa, no ha entendido nada por lo visto, pero eso no debe preocuparnos (y menos ocuparnos) dada su insustancialidad.
    Habría mucho que hablar sobre aquellas censuras que prohibían unas cosas pero tan indulgentes con otras que hoy nos parecen abominables. Pero para ello sería menester poner el reloj en hora, que es lo que me parece que trata de sugerirnos jagm.

  24. Por supuesto, señores, todo tiene su tiempo. Ortega dijo alguna vez que el hombre es historia y nadie lo ha desmentido. Me ha llamado la atención el comienzo de la columna: la alusión a “ese gineceo todavía silente” que formaban las seducidas de aquellos galanes. Lo recuerdo en carne propia, por supuesto, tiempos en que aún era dudosa para muchos la misma realidad de la amsturbación femenina, que hasta ese punto llegaba el patrimonialismo machista. La “mandíbula decidida”, la “mirada de acero” –esas expresiones tan de Corín Tellado que jagm utiliza con evidente intención–, el atractivo secreto de un macho al que estaba prohibido valorar cuando aún estábamos tan lejos de las despedida de solteras, los “boys” y el propio lenguaje –“¡Estaba buenísimo, el tío!”– debía mantenerse a raya. Me gusta cuando gm vuelve la mirada a esa época porque es de los “dependientes”, de los “marcados” por su tiempo, aunque él, ciertamente, se nota que ha viajado mucho y muy lejos luego. Yo recuerdo sus obituarios de otros arístas, especialmente uno de Audrey Hepburn, otro de Bette Davis, preciosos, escritos por él hace años, y me ha encantado este retrato en blanco y negro que es al mismo tiempo un paisaje y una crónica.

  25. Supongo que Marta Sicard suguere que la igualdad conseguida es la causa de la violencia o que ésta es el efecto de una inasumible derrota masculina. Si es así lleva no poca razón, aunque debe andarse con cuidado, icnluso siendo una provocadora, no sea que se malinterprete esa agudeza en clave machista. Yo cero que jagm explica suficientemente el asunto, no hay que darle muchas vueltas más: una sociedad violenta admite como normal la violencia: entonces y ahora. Es la moraleja que creo que debe sacarse del art. de hoy, por otra parte lleno de aciertos.

  26. En la ciudad donde vivo se pintaròn con brea los carteles de Gilda. Luego he leído que fueron las juventudes de Acción Católica (ya no recuerdo esas siglas) las que ejecutaron la proeza, aunque alguien ha dicho aquí hoy que también intervino el fascio. Lo dudo, porque ese no era el estilo de la muchachada, aunque no es imposible que algún “mando” no se metiera a censor por su cuenta y riesgo. Hoy los muchachitos del PSOE lanzan hojas volanderas calumniando al alcalde mi ciudad, con foto y todo. ¿No es eso más o menos lo mismo que darle el brozazo a la falda abiewrta de Gilda?

  27. He leído (desde Marbella) un montón de evocaciones de G. Ford estos días, en varios periódicos españoles y extranjeros. Quiero dejar constancia de que el que me ha hecho pensar y conmoverme a un tiempo ha sido éste, de un escritor con el que habitualmente estoy en desacuerdo, como conservador católico que soy y por otras muchas diferencias que nos separan. Lo cortés no quita lo valiente.

  28. Rita no podía distinguir entre persona y personaje, fue Gilda para siempre, dice y es la verdad. Le ha ocurrido a más de un artista y sigue ocurriendo, aparte de que ella no era gran actriz aunque fuera una mujer de ensueño. Se nota en lo escrito la ternura subyacente, hasta creo que jagm debió de ser uno de aquellos niños soñadores que se dormían con cara de Glenn Ford.

  29. 23:03
    Parece que dos biografías casi se resumen en un bofetón con réplica.

    La censura imperante en aquellos tiempos, y que tantos añoran, producía a veces extraños efectos, como por ejemplo el adulterio de Mogambo convertido en lo mismo pero con incesto y el famoso streptease abortado que mi imaginación adolescente completó en mis duermevelas no sé cuantas veces.

    Estupendo el nivel que va alcanzando el blog, que casi da corte entrar en él, estupendo el artículo, doña Épi K y finos la mayoría de los colegas. Para completar tenemos al Sr. Zumbao que con su presencia da fe de la pluralidad del blog. No creo que jagm caiga en la simpleza de poner filtros en su blog.

    +++++++++++++++++++++++++++++++++++++

    Al tema:
    Me quedo con el trilema propuesto por D. Juan Moreno.
    La violencia de género es común a todas las civilizaciones y a la mayoría de las especies de nuestro planeta y en nuestra especie la mujer siempre fue considerada como propiedad del marido. Aún hoy, en nuestra sociedad, en los hogares donde solo trabajan los maridos se suelen comportar como si fueran los propietarios no solo de patrimonio familiar sino también y sobre todo de la esposa.

    La liberación de la mujer que se produce en nuestra cultura va en detrimento de la reproducción y, en clave darwiniana, el éxito reproductivo es la clave del éxito de la especie.

    Mi aventurada respuesta a la pregunta que plantea D. Juan es que no se trata de una recesión y sí, a la vez, un avance y un suicidio colectivo que nos llevará a ser sustituidos por los más intolerantes de nuestros inmigrantes primero por la vía demográfica al final seremos disueltos entre nuestros invasores, eso en el mejor de los casos.

    Recuerden la amenaza de Burguiba.

  30. Antes de que el país entero se cuelgue de la tele para ver la odisea japonesa del baloncesto y gemir por la ausencia de Gasol, una nota añadida al comentario, inteligente como de costumbre, de don José Griyo. El posesivo “mi” matrimonial tiene dos sentidos. Cuando lo utiliza el marido, “mi” (mujer) significa directamente posesión; cuanco la mujer dice “mi” (marido), traduce sumisión. Ésta no es una apreciación gramática, sino más bien sociológica, con permiso de don gm, pero me parece capital. La mujer ólo utiliza ese posesivo como tal cuando lo esgrime contra la rival: “¡Apártate de ‘mi’ marido, so golfa!”. Pero cuando dice “Lo siento, ‘mi’ marido no está en casa” lo que está indicando es que ella no es nadie a la hora de decidir. Ahí dejo la sugerencia semántica, con el ruego de que sea entendida rectamente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.