Leí antes de que se tradujera a nuestra lengua la detestable novela de Erika L. James titulada “Las cincuenta sombras de Grey”, arrasador best-seller que lleva distribuidos 15 millones de ejemplares, a razón de 300.000 por día. Se trata de una ingenua aunque pérfida defensa de la libertad sexual muy en línea con la actual corriente en la opinión universitaria yanqui que entiende que el Mal en sí mismo puede ser objeto de deseo lo mismo que el Bien, de tal manera que en los campos universitarios de las mejores universidades del país se está registrando la creciente implantación de clubs sado-maso a los que acuden como moscas los estudiantes deseosos de descubrir nuevas sensaciones. Frente a la dura réplica del feminismo, James y sus víctimas responden que no debe de haber ningún impedimento a la libertad a la hora de dejar suelta la fantasía, en este caso sexual, considerando que las críticas a estas deformaciones se equivocan al considerarlas patológicas pues, según ellos, no serían tales más que aquellas prácticas ejercidas sin el consentimiento de la “víctima”. ¿Ven como no hay nada nuevo bajo el sol? Desde luego, se ve a primera vista, a poco experimentado que sea el lector, la diferencia entre este tósigo masivo y degenerado y las propuestas fundantes que hicieran hace mucho el controvertido Sade o Sacher- Masoch y, más recientemente, un loco alumbrado como Bataille, aunque sólo sea porque estos últimos sólo trataron de “épater” presentando casos extremos del ejercicio de la sexualidad, desde una incuestionable adhesión a ese acechante Mal que es la violencia, pero sin ocuparse ni poco ni mucho en “moralizar” sus demencias invocando otra cosa que no fueran las inescrutables razones del capricho.

El gran argumento de los nuevos bárbaros consiste en decir que las prácticas dolorosas incluidas en la relación sexual no constituyen en ningún caso deformación o enfermedad, sino una simple manifestación de la libertad de elegir la forma del placer, razón que ha calado lo suficiente para que, según ciertos sondeos, el éxito de la novela y la boga de su doctrina haya arraigado especialmente, no sólo entre la juventud desnortada sino entre una legión de mujeres, en especial, en las clases medias, que exploran, al parecer, posibilidades eróticas más allá de los límites de la convención. Cerré el libro de la James lamentando el tiempo perdido y convencido de que más de uno y más de tres no tienen más que lo que se merecen.

10 Comentarios

  1. El mundo metal se deshace, la insania se extiende a las masas. El abuso de la libertad está permitiendo estas locuras. Ya me dirá usted a quién pedirle cuentas.

  2. He leído las Sombras -parte de ellas- en diagonal. (Mi pareja se la ha cargado casi entera, porque se ha saltado páginas y páginas). Creo que es un cóctel con fórmula conocida hoy infalible y muy experimentada en el infracine americano: dinero, sexo, sexo extremo, poder, informática…

    Ya hay una saga de imitadorAs.

  3. No sé por qué leen ustedes esas tontunas más allá de la página 3, ni siquiera en diagonal. Le dan dinero a unos gandules en perjuicio de la literatura buena. De todas forma,s un época que si vuelca sobre libros como el que aluden no tiene la cebeza buena.

  4. Con el título está dicho todo. La búsqueda del placer no puede incluir sanamente el dolor sin perturbar la lógica de la vida. Supongo que HOMO es el único animal que busca en el sexo esas «refinamientos» (?) lesivos, que expresan una agresividad primitiva.

  5. No sé qué tprero dijo eso de «Hay gente pa tó». Lo malo es que hoy día los peores son considerados mejor que los normales.

  6. Quienes hemos comnocido los cilicios… poco podemos criticar a estos locos no poco degenerados. Hay que asombrarse, sin embargo, de la debilidad mental de la Humanidad, de su fragilidad psíquica. A uno, ya más para allá que aquí, estas cosas se le antojan locuras no exentas de maldad. Hay que ser comprensivos hasta con los perversos.

  7. No me riña, mi don Eλεύθερος. La industria del best seller mueve una viruta mundial. No está demás saber qué se lee en el metro y no es casualidad de que se trate de literatura erótica para mujeres, escrita por mujeres. (Recuerde que la Santa Madre excomulgaba -o casi, mi don Páter es autoridad en ello- por leer folletones. Si comparamos esta basurilla impresa con las culebras de la tv, quedan a la altura de Chéspir).

    Hecho el examen de conciencia, con dolor de corazón, pero sin mucho propósito de enmienda, me acuso de haber leído también «El tiempo entre costuras» y «El código Da Vinci», por ponerle dos ejemplos de mis nefandos. Espero me sea liviana la penitencia.

    Que el Trece nos sea propicio.

  8. Usted no necesita absoluciones, mi querido Epi, en lo que coincido con Ropón que es quien me informa de su amable roce con Eleuterio. Aunque no le niego que me extraño ante esa disponibilidad que demuestra para entretenerse con semejantes lecturas. ¿Sabe lo que pasa, mi don EPI? Que con la edad uno siente cada día con mayor vehemencia que le queda poco tiempo y, en consecuencisa, que debe administrarlo con mayor cuidado que nunca. No creo que «leerlo todo» sea buena cosa habiendo tanto bueno que leer.

  9. Don Páter, con lo último marca Usted un tanto….y sin embargo yo también confieso que no pocas veces leo esos best sellers por diversas razones: por estar al tanto, para poder opinar con seguridad, para saber qué leeen mis alumnos, porque leo cualquier cosa que me pongan a mano, por facilidad…..

    Lo del silicio no es lo mismo que esto del sado masoquismo. El silicio, era algo enrevesado pero el objetivo, dominar al animal en nosotros , era positivo porque el silicio no era sólo masoquismo, en cambio ésto es pura enfermedad o perversión: mira que gozar sufriendo!
    Desde luego: hay gente pa tó.
    Un beso a todos.

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