¡La Cámara de Cuentas trincando sobresueldos como el más trapacero de sus auditados! Era lo que nos faltaba por oír de un a institución cuya tarea hemos alabado tantas veces como criticado cuando fue menester, y para la que incluso hemos reclamado repetidamente capacidad sancionadora. Pero ¿qué es eso de aprobarse a sí misma unos sobresueldos disfrazados de gastos de representación y repartirse tarjetas de crédito como si el dinero público fuera suyo? Un duro golpe para su credibilidad, sin duda, y sobre todo, un disparate que convendría que corrigiera ella por su cuenta antes de que se lo tengan que corregir desde fuera.

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