El presidente Chaves, tan celoso, como es su derecho y su deber, de su buen nombre y fama política, no puede salir dl actual embrollo de las adjudicaciones de obras públicas entre sus hermanos con un simple topiquillo sobre la honestidad de los suyos y esa pamplina de que caer cerca del Poder perjudica en la vida a los ciudadanos. Al contrario, le venga bien o mal, no tiene más remedio que pechar con los hechos, reconocer que carece de sentido el montaje (todo lo legal que él quiera, pero impresentable) de sus hermanos y adoptar alguna decisión que, sin duda no le saldría políticamente gratis, pero que resulta imprescindible. El cese de ese hermano munífico, para empezar, la luz sobre los negocios del hermano industrial y sus socios, incluso la garantía de que el Presidente no conocía semejante negocio y, desde luego, el reconocimiento de que no es normal. Por supuesto que no hará nada de todo eso, allá él, pero esta vez no se trata de insinuaciones y sugerencias de vidrio sino de hechos como planetas. Si el Parlamento no le pide esas necesarias palabras, es que está definitivamente muerto.

1 Comentario

  1. Servidora es consciente de que se repite, Epirregüeldos, pero el sociatismo rampante silba y mira al techo, mientras que minolles, millones digo, de votantes deposita alegremente el voto del pútrido capullo. Ellos sabrán por qué, de la misma manera que una mete, huy, quiero decir introduce, el voto anulado una y otra vez en la rajita, huy, otra vez. ¿Tantos estómagos agradecidos hay? ¿No se confirmará que alguno prefiere autoamputarse la mano antes de echar un voto gaviotero, esa rata volandona?

    El Anfitrión, Alá que es todopoderoso y justiciero premie su intrepidez/candor, parece asombrarse de la velocidad con que nace un millonetis. Lo que pasa y esto sí sabemos que nos pasa, es que nuestras democracias occidentales están corrompidas y desacreditadas como tal vez no lo llegaron a estar cuando el sol del dinero, el estiércol del pensamiento débil y la humedad de la comodidad y el relajo, hicieron brotar, allá en la primera treintena del siglo XX, las flores hediondas de los nazifascismos.

    La pregunta del millón no es saber cómo, que lo sabemos, sino si está muy lejos el cuándo y si a algunas con canas, como esta vieja zumbada que os escribe, nos pillará en este valle lágrimas.

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