Gritar “Alá es grande” no es hoy una jaculatoria: es un grito de guerra. En un país que vive en el cuarto nivel de seguridad resulta intolerable que un moro quebrante la legítima paz del viernes santo sembrando el terror en la calle. O que “cuatro golfos” se entretengan en romper una tradición multisecular sin mayor motivo. Pero más lo es la lenidad con que la Justicia trata estos desmanes. Terrorismo es cualquier acto dirigido a sembrar el terror; por qué no considerar terroristas sino simples alteradores del orden a esa canalla cuya acción –repetida ya varios años-  bien puede provocar una catástrofe. ¿Es que no hay autoridad? Pues puede que la haya pero no lo parece. Dicen que hay leyes de sobra. A la vista está, sin embargo, que esas leyes son papel mojado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada