Si hace unos días nos enterábamos de que la inversión en Andalucía se ha reducido casi a la mitad y que sin los fondos estructurales poco menos que esto habría estallado ya, luego hemos sabido que el superpuerto de Algeciras ha sufrido, por una parte, un duro zarpazo de Marruecos –el “país amigo”, que anda derivando a Tánger su tráfico habitual a base de dumping y de lo que se tercie–, y por otra, que China –que acaba de comprar Volvo, no se olvide—la está echando una mano arrimándole mercancías lejanas. ¿Sabe Andalucía adónde va, sabe siquiera dónde está, o se limita a tirar p’alante a fuerza de rutinas? Esta pregunta ensombrece el mandato de Griñán como antes ensombreció al de Chaves.

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