Pocos argumentos tan cínicos como ése de que los alcaldes no deben ser diputados porque han dedicarse en exclusiva a sus pueblos –mientras esos alcaldes fueron del PSOE fue siempre al revés, esto es, se decía que un alcalde en el Parlamento acercaba su pueblo al centro de decisión política—o como ese otro, absolutamente mendaz, de que no es bueno que un político cobre dos sueldos puesto que esa posibilidad no existe con la actual normativa. Lo que el PSOE pretende es descabezar una Cámara en la que, eventualmente, podría tener el papel de Oposición, quién sabe por cuantas legislaturas. En pocas ocasiones una maniobra en enroque político ha resultado tan burda como ésta de imponerle a los pueblos a quién pueden votar y a quién no.

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