En torno a la central de Fukushima, los científicos han encontrado mariposas mutantes por efecto de la radioactividad. Lo leo en el “Scientific Reporter y luego en la prensa europea que se hace cruces ante la imagen de ese fantástico lepidóptero al que la radiación ha reducido las alas y deformado los ojos. Hace muchos años me mostró Ginés Morata en su laboratorio del CSIC los resultados obtenidos al bombardear con radioactividad ejemplares de “drosophila melanogaster”, la mosca del vinagre, y allí pude ver moscas con las alas en la cabeza y los ojos en la panza, lo que probaba que la radiación tiene capacidad para deformar o malformar a cualquier ser vivo. No se creía tanto entonces en la paciente investigación de mi amigo –hoy premio Príncipe de Asturias, entre otros muchos—, pero Morata ya iba entonces tras la idea fija de que, con el tiempo, la investigación científica sería capaz de manipular benéficamente (¡toquemos madera!) no ya moscas, sino cuerpos humanos. En una charla a la que le invitamos a pronunciar en El Mundo de Huelva, Ginés me dijo, con esa ambigua teatralidad con que los sabios saben ilustrar sus teorías, que algún día el biólogo podría “manipular” a placer al hombre de carne y hueso, a lo que yo le contesté, siempre en broma, claro,  que eso lo había conseguido la política muchos siglos antes que la biología. Hoy aquellos trabajos nos han puesto en la senda de una ciencia capaz de modificar la arquitectura biológica de los cuerpos y, en consecuencia, de lograr una longevidad que recuerdo que a Ginés le preocupaba por sus radicales efectos sociales. El demiurgo va siempre unas zancadas por delante del político.
 
Me cuentan en el campo andevalino que cada otoño hay menos moscas, mi sufrido médico de cabecera, el doctor López Guilarte, me explica el fracaso de su cosecha tomatera por la ausencia de abejas polinizadoras que aquí, como en gran parte del planeta, están despareciendo de manera no poco misteriosa, y Ginés Morata estimaba ya hace unos años que prolongar la vida más allá del centenario era ya cosa de poco tiempo. Y el hombre medio, ésa es la verdad, ni se inmuta, entre acongojonado e indiferente, ni más ni menos pasivo que el Poder. Lo que no lograrán los laboratorios será obtener diseños maravillosos como el de esas mariposas amenazadas por la radioactividad. Dios no jugará a los dados, como quería Einstein, pero tiene en su mano una belleza que nosotros, no podemos, ni soñar.

3 Comentarios

  1. Yo no voy a llorar por las moscas. En mi pueblo dominguero hay más que ningún año, pero si salen al campo por la noche ya será raro que oigan a algún grillo.

  2. PD.
    Las abejas tienen muchos problema. La varroasis y el avispón japonés son sus mayores enemigos naturales (ambos importados de Asia), pero su mayor enemigo en España son las absurdas cortapisas que ponen las autoridades a los apicultores.
    Pepe Griyo.

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